Infantilismo


Esto empieza a parecerse peligrosamente a una pataleta infantil. Nuestros líderes se han instalado en el berrinche y se muestran incapaces de concebir un mundo en el que las cosas no sean como ellos las piensan. O como les interesan, que viene a ser lo mismo. Pero la realidad siempre es más compleja de lo que nos gustaría, siempre hay más intereses en juego que los propios y tan legítimos como los nuestros. Por eso hay que aprender a conjugar el verbo negociar, y la primera lección es que la realidad es la que es, no la que queremos que sea, y que hay que partir de asumir lo que hay para intentar alcanzar nuestra meta. Y que ese camino hay que hacerlo con los demás, respetando las posiciones diferentes, no despreciando al otro.

Todo esto ha fallado en la política española en los últimos tiempos. Explica el bloqueo que nos ha llevado a unas segundas elecciones. Puede ser incluso comprensible. Pero sería inaceptable que nadie aprendiera de los errores y reincidieran todos en ellos. Unas terceras elecciones son absolutamente inaceptables, ni como hipótesis. Los dirigentes políticos deben superar esta fase de infantilismo y demostrar que realmente se merecen la confianza que los ciudadanos les han otorgado con su voto. Rajoy debe justificar sus aspiraciones explorando todas las opciones posibles y dejándose la piel en el empeño. No basta con decir lo que quiere y que se lo concedan sin más. Y Sánchez debe entender que para que haya oposición tiene que haber un Gobierno. Y que la oposición no consiste en decir que no a todo. Para eso sirve cualquiera. Pero liderar la oposición exige también sentido de la responsabilidad para favorecer la gobernación del país. Porque no se gobierna solo desde el Gobierno.

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