Hacer de tripas corazón


Seis meses después, seguimos igual. Seguimos con el Gobierno de Rajoy en funciones, con unos resultados electorales que no ponen fácil la formación de un nuevo gobierno, y hablando de posibles alianzas electorales. Aunque, en realidad, la gente de izquierdas estamos peor gracias al empeño de Pablo Iglesias de abocarnos a la repetición electoral, y es que la mayoría conservadora de la cámara es ahora mucho mayor que tras las elecciones del 20 de diciembre.

Así que, visto el panorama, hay dos cosas claras: la primera de ellas, que es a Rajoy a quien le corresponde gobernar, y que no puede volver a cometer la irresponsabilidad que cometió en enero de rechazar el encargo del Rey para formar gobierno. Y la segunda, que al PSOE le corresponde liderar la oposición y estar en ella, porque sus resultados electorales no permiten otra cosa. Así que Rajoy, con todo el esfuerzo que seguro le conllevará, debe apagar el puro, levantarse de su chaise longue, y ponerse a trabajar una mayoría parlamentaria que le permita tener un gobierno estable a lo largo de la legislatura. Y una tercera cosa que está clara: no debe ser al PSOE a quien mire para la formación de dicho gobierno, porque los programas de ambas formaciones políticas son antagónicos, y no hay una base común lo suficientemente sólida para poder poner en marcha un programa de gobierno para este país. Debe mirar hacia quienes son cercanos a él ideológicamente, porque es con ellos con quien, lamentablemente, suma una mayoría amplia de la cámara. Debe mirar a Ciudadanos, al PNV, a Coalición Canaria, a Convergencia Democrática de Cataluña (o como decidan llamarse ahora), e incluso a Nueva Canarias. Esos son los partidos de centro, centro-derecha y derecha que tienen representación en el Congreso, y junto al PP suman 184 escaños, ocho más de la mayoría absoluta de la cámara. Así que, estimado Mariano, a la tarea, y a demostrar lo bien que se te da el diálogo y alcanzar acuerdos.

Pero? ¿Y si Rajoy no consigue sumar la mayoría absoluta de la cámara? ¿Qué ocurriría si finalmente sus dotes para el diálogo y el entendimiento son escasas, y no consigue aglutinar los 176 escaños que necesita para garantizar su investidura? He aquí la pregunta que todo el mundo se hace, y a la que poca gente responde. Yo tengo claro que no podemos ir a unas terceras elecciones generales. Sería catastrófico para el país y beneficioso sólo para el propio PP, que vería aún más engordada su ventaja electoral. Por lo tanto, en mi humilde opinión como militante de base del PSOE, creo que llegado el momento, y en última instancia, si Rajoy fracasa en la construcción de una mayoría conservadora y no suma apoyos suficientes para alcanzar los 176 escaños, el Partido Socialista debería abstenerse para permitir su gobierno en minoría. Y debe hacerlo sin condiciones, claro, porque, como decía antes, poco o nada compartimos con un partido que en los últimos cuatro años ha desmantelado todo lo que nosotros hemos construido y que ha ido en contra de todo en lo que nosotros creemos. Debe ser, por tanto, una abstención por responsabilidad con el país para evitar unas terceras elecciones, pero no una abstención condicionada a contenidos políticos con un partido con el que no tenemos nada que ver, y al cual somos la alternativa. Pactar contenidos políticos para esa abstención sería tanto como compartir una hoja de ruta para el país con ellos, y nada más lejos de la realidad. Porque, desde el día 1, el PSOE debe encabezar una oposición parlamentaria que no consista sólo en hacer frente a las nuevas medidas perjudiciales que quiera implantar el PP, sino que busque los acuerdos con el resto de grupos de la cámara para sacar adelante iniciativas positivas para el país, y para derogar todas las leyes regresivas que han venido aprobándose en los últimos años. Acuerdos que deroguen la LOMCE, la reforma laboral, la Ley Mordaza, que restituyan el derecho de las mujeres jóvenes a decidir sobre su maternidad, etc. Pero también acuerdos que impulsen la reforma constitucional, que permitan bajar el IVA cultural, que restituyan la universalidad de la sanidad... Todo eso podría hacerse si nos ponemos manos a la obra desde el primer momento, liderando de verdad la iniciativa parlamentaria.

El PSOE debe, por tanto, hacer de tripas corazón y, una vez más, demostrar que tiene la responsabilidad de Estado que jamás ha demostrado tener el PP, quien sólo ha mirado por su propio beneficio, tanto en marzo de este año, como tras las autonómicas andaluzas y asturianas de 2015, como en mayo de 2010, y siempre a lo largo de toda su trayectoria histórica. Y es que eso, entre otras cosas, también diferencia a la izquierda de la derecha.

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