El presidente mochilero


Viene Obama en el momento más inoportuno, instalados como estamos en la provisionalidad política, para dejarnos un mensaje de confianza. Llega para recordarnos que, pese a nuestro pesimismo crónico, somos reconocidos y apreciados en el mundo. Para mostrarnos que la desesperanza nunca es el camino, porque el futuro está por escribir y cualquier empeño es posible. Con su eterna sonrisa, pese a que los problemas se le acumulan y ya hace tiempo que le blanquea el pelo, vino a vendernos el sueño americano con su propio ejemplo, aquel turista que un día recorrió España con una mochila y años después regresó como presidente del país más poderoso del planeta. Pero a veces más vale quedarse con el discurso que con el ejemplo. Porque hace ya mucho tiempo que Estados Unidos dejó de ser tierra de oportunidades y las otrora vigorosas clases medias se ven condenadas al ostracismo por la explosión de las desigualdades. Más o menos como aquí. Su advertencia contra las políticas económicas que incrementan el cisma social y se convierten así en germen del populismo es bienvenida. Pero no basta. Porque lo cierto es que los movimientos populistas y demagógicos avanzan peligrosamente en España como en el resto de Europa, y también en Estados Unidos. Pensar que alguien como Trump tenga opciones de ser presidente da escalofríos. Que lo consiguiera sería una tragedia. Para evitarlo hay que replantearse las políticas económicas e impedir que las élites se apropien de los beneficios, como advirtió ayer Obama. Solo así podrá ser que un mochilero pueda soñar con ser presidente. De lo contrario, la idea de un presidente mochilero solo será un sueño hollywoodiense.

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