May y el liderazgo femenino


No ha accedido al poder en el mejor momento ni en las mejores condiciones. De hecho, se diría que sus compañeros de partido, salvo, obviamente, aquellos que aspiraban al cargo, le han cedido la «patata caliente» de muy buena gana y casi corriendo. Theresa May se convertirá en la segunda mujer en la historia que accede al puesto de primera ministra británica, 37 años después de Margaret Thatcher. Como su antecesora, deberá hacer frente tanto a la grave crisis del Partido Conservador como a la incertidumbre que el brexit ha provocado en el país. No obstante, el carácter de May y las circunstancias en las que accede al poder son diferentes a las de Thatcher, además de que el tiempo transcurrido ha permitido, o al menos eso esperamos, que la mentalidad general a la hora de juzgar a una mujer en política vaya más allá de su firmeza o su peinado. Cuatro décadas después de que mujeres como la británica Thatcher, la israelí Golda Meir o la india Indira Gandhi accedieran al Gobierno de sus países, Occidente afronta el mando de otras mujeres en tres países clave, Merkel en Alemania, May en Gran Bretaña y, probablemente, Clinton en Estados Unidos en un momento histórico de grandes cambios: desde la crisis económica que no parece remitir hasta la salida del Reino Unido de la UE pasando por la crisis de los refugiados.

Cambios que deberían encaminarlos hacia la normalidad de la presencia femenina tanto en el liderazgo político como en todas las profesiones, desde la empresa hasta la universidad, no solo en Occidente, sino también en el resto del mundo.

May y el liderazgo femenino