Los toreros muertos

OPINIÓN

17 jul 2016 . Actualizado a las 05:00 h.

Un torero llamado Víctor Barrio murió hace una semana en Teruel durante una corrida. Es la primera muerte en un ruedo desde el fallecimiento del banderillero Ramón Soto Vargas en 1992. Casi veinticuatro años entre una y otra: quedémonos con el dato por si surgen los tópicos del riesgo y el peligro, aunque mejor si no es el caso.

El caso es que ha habido reacciones para todos los gustos y desde todos los frentes. Para empezar, buena parte de la prensa española se ha deshecho en elogios al fallecido, sin racanearle páginas en las famélicas secciones de cultura de los diarios. Luego se han dado algunos comentarios de trazo grueso que expresaban alegría por la cogida e incluso trataban de razonarla en términos de militancia animalista. Las redes sociales y los medios de comunicación han dado pie a una batalla de insultos en plan «se rompe España» y, en el colmo de la carambola dialéctica, un personaje de esos que para mi asombro llaman «famosos», y que todavía no sé a qué se dedica salvo anunciar helados, se congratuló en Twitter de la muerte del torero, provocó un boicot de los taurinos a la empresa a la que presta su imagen y fue cesado finalmente por esta, algo que evidentemente no hicieron con su presidente cuando se pronunció a favor de privatizar el agua.

Aclaremos una cosa: la tendencia del ser humano a hacer el bocazas debería ser considerada una constante antropológica. La prudencia antes de hacer el primer comentario que se nos viene a la cabeza es algo tan raro que incluso el silencio y la precaución son a menudo objeto de mofa, odio y desprecio. No hay nada esencialmente maligno en decir que te alegras de la muerte de un torero; no, al menos, en una sociedad donde el número de asesinatos de toreros es cero. Quien afirma alegremente que Víctor Barrio se lo merecía y que ojalá todos los toreros corrieran la misma suerte es, sencillamente, un bocazas. Eso no le convierte en mejor persona, pero conviene que vayamos descartando la idea de una yihad antitaurina que ni existe ni es previsible que exista.