Con Mariano Rajoy se puede estar o no de acuerdo, pero hay que reconocerle que desde el 20 de diciembre es el único que parece tener claro adónde se dirige, qué es lo que busca y cómo conseguirlo. Las caras de estupefacción en los grupos del PSOE y de Unidos Podemos cuando se conoció el resultado de las votaciones para formar la Mesa del Congreso, que demostraban la existencia de algún tipo de acuerdo entre el PP y los nacionalistas de CDC y PNV, eran un verdadero poema y un reconocimiento de que ese Rajoy al que dibujan como un don Tancredo les había ganado por la mano negociando entre bambalinas, mientras ellos se lucían como pavos reales ante los micrófonos sin negociar nada, pensando que tenían asegurada la presidencia del Congreso para Patxi López porque los nacionalistas estarían obligados a apoyarles con tal de que no saliera la candidata de Rajoy, Ana Pastor. Hasta en Ciudadanos estaban desconcertados por la maniobra del líder del PP.
Al margen de las consideraciones políticas, y hasta morales, que a cada uno le pueda suscitar esa forma de proceder, lo que se demuestra es que en política, como en todo, la veteranía es un grado. Y que pasar directamente del pupitre al Parlamento, sin rodarse siquiera como concejal y pretendiendo dar encima lecciones a todo el mundo, es el mejor pasaporte para hacer el ridículo. Porque una cosa es leer a Gramsci y a Maquiavelo y otra saber negociar y comprender que la política es el arte de jugar las cartas que te tocan. Por eso a algunos, empezando por Pablo Iglesias, se les queda cara de pasmo al comprobar que, al final, el único grupo con el que nadie quiere negociar nada es el de Unidos Podemos. Ni populares, ni socialistas, ni nacionalistas, ni independentistas se fían de ellos. Y bien ganado se lo tienen, porque a todos han menospreciado desde una soberbia impresentable.
Más cara de timo aún se le ha quedado a Pedro Sánchez al comprobar que fue víctima de un tocomocho que le impidió pactar nada con los independentistas, mientras Rajoy le dice ahora que lo que no se negocia con los soberanistas es la unidad de España, pero los cuartos y los votos ¿por qué no? Si el PP facilita que CDC tenga un grupo parlamentario, lo que sería un fraude de ley, dado que incumple claramente los requisitos para ello, demostrará tanta audacia como falta de principios. De los convergentes, que después de tanto «Madrit nos roba» venden ahora sus votos a Rajoy a cambio de los tres millones de euros que recibirían si forman grupo, ya sabemos que su único principio es el de que la pela es la pela.
A este paso, para cuando PSOE y Unidos Podemos se quieran dar cuenta, Rajoy se planta el próximo día 5 con un Gobierno bajo el brazo. Lo tiene imposible si el PSOE no se abstiene, porque pactar a la vez con Ciudadanos y CDC sería un timo digno de Bernard Madoff. Pero si al final consigue presidir el Congreso y el Gobierno habiendo obtenido solo 137 escaños, yo me quito el sombrero ante este maestro del póker político.