Los jueces se enfadan y...

OPINIÓN

28 jul 2016 . Actualizado a las 05:00 h.

Paradigma de lo que ha sido el Gabinismo en Oviedo es, no tanto la condena y entrada en prisión del exjefe de la Policía Local de Oviedo, Agustín de Luis, como la prepotencia de este sujeto sacando el ventilador y salpicando de porquería nada más y nada menos que un Magistrado que nada ha tenido que ver con su condena y entrada en prisión. Hace referencia a él en relación a otras cuitas anteriores y conste su mandato --válgame el Cielo-- llegando, incluso, según manifiesta, a tener un altercado estando de vacaciones en Menorca. Pero, a más de esto, toda esa absurda prepotencia le lleva a dirigirse despectivamente a la propia Magistrada ponente de la causa por la que se le juzgó, condenó y lo llevó, en fin, a prisión, cuando se da la circunstancia que ésta forma parte de un Tribunal Colegiado sin que ningún miembro del mismo haya formulado un solo voto particular, todo ello después de que la sentencia, lejos de ser casada por el Tribunal Supremo, la han confirmado.

Esta expresión de soberbia es propia de quien delinquió desde la atalaya en que se hallaba instalado como Jefe de la Policía local, que no asume, ni siquiera ahora que es un jubilado relegado de cualquier cargo, que ni antes podía vivir en la impunidad, ni ahora puede descararse como lo ha hecho. Y como colofón sale a la palestra, haciendo una ridícula defensa de quien ha sido uno de sus fieles escuderos, Gabino de Lorenzo. ¿Agradecimiento? No lo creo. ¿Caridad hacia un pobre jubilado que la ha liado? No me suena. Lo realmente cierto es que la intervención de Gabino, nada más y nada menos que Delegado de Gobierno en nuestra comunidad, ha enfadado, y mucho, a los Jueces -- y no me extraña--. A quién le cabe en la cabeza decir que se está vapuleando o denigrando o no sé qué expresión parecida a un jubilado.

Los jueces no denigran, ni humillan, ni vapulean. Juzgan y hacen cumplir sus resoluciones, y eso es lo que han hecho, ni más ni menos. Llevo treinta y cuatro años en el ejercicio de la profesión de abogado y he de decir con orgullo que, al margen de que haya visto sentencias que han sido modificados por los tribunales superiores, nunca he apreciado un atisbo de prevaricación en ningún juez, por eso no salgo de mi asombro al ver que particularizando en un caso se pueda llegar a mantener un discurso tan disparatado como el de De Luis. Y, según parece ser, adverado o simplemente compadecido por el Delegado del Gobierno. Lo que ocurre es que el Gabinismo poco a poco se derrumba, lamentablemente no tan rápido como lo haría un castillo de naipes, pero se derrumba. Y estoy seguro que nos despertaremos con más culebrones como éste y con descaros y prepotencias del mismo tenor, porque, aunque no tan rápido como debiera, esto va cayendo y Gabino, no sé qué razón pudiera albergar, saldrá a defender a sus escuderos.