El PP no gana nada caneando en su propia área

OPINIÓN

06 ago 2016 . Actualizado a las 09:17 h.

Si yo fuese secretario general del PSOE, en sustitución de Pedro Sánchez, le regalaría a Rajoy una investidura sin contrapartidas, envuelta en un pacto de mínimos para que pudiese gobernar. Pero solo le entregaría mi obsequio en la segunda investidura -tras nueva propuesta del rey- y en la cuarta votación. Y lo haría así para cumplir cuatro objetivos tan importantes como razonables: hacer posible el Gobierno de España; ganar tiempo para la regeneración de mi partido; ritualizar la verdadera situación política y social del PP, mostrando su evidente debilidad; y obligar al candidato a confeccionar un programa y un Gobierno para pactar los temas vertebrales de la legislatura y para corregir los fallos del sistema que provocaron esta zozobra moral e intelectual que padecemos.

Si yo fuese candidato a la presidencia del Gobierno, en sustitución de Mariano Rajoy, aceptaría el regalo del PSOE sin rechistar y sinceramente agradecido; aceleraría todos los trámites -los dulces y los amargos- para evitar la sensación de chalaneo y tacticismo que está empañando el enorme éxito del PP, y trataría de convertir las dos investiduras y las cuatro votaciones en una lección magistral sobre la democracia y los comportamientos electorales, y sobre el funcionamiento del sistema político, sin rebajarme a ganar ventajas personales con su manipulación, y sin salpicar ni al rey ni a la presidencia del Congreso.

Finalmente, si fuese asesor de Rajoy, le recordaría que las batallas que no se dan de frente solo aportan victorias pírricas; que no existe política digna si no se aceptan niveles de audacia y riesgo debidamente calculados; que es normal que la oposición que te ayuda a gobernar haga visibles sus fuerzas y sacrificios e imponga alguna penitencia por los pecados perdonados; y que desde siempre se sabe que audaces fortuna iuvat. Y le diría, sobre todo, que es bueno ganar, gobernar, sentir la fuerza del poder y las posibilidades transformación que conlleva, pero no de cualquier manera ni a cualquier precio. Porque el poder bien ejercido responde como las alas, mientras que el poder cautivo pesa como una rueda de molino colgada del cuello de un náufrago.

Por muy importante que sea tener Gobierno, cumplir con Europa y aprovechar las inercias de salida de la crisis, más importante es aún normalizar el sistema, hacerlo funcionar con lealtad y precisión, no abusar de los trámites no regulados que debe administrar el buen sentido, y no confundir un éxito momentáneo con el gobierno eficaz del país.

Porque las sepulturas políticas están llenas de destellos de habilidad y de éxitos provisionales. Y es bueno que los que todavía están vivos escuchen con humildad los mensajes de sus antecesores que ya descansamos en paz. Porque, aunque la retórica puede sonar algo tétrica, hablamos con el corazón.