Una calculadora contra el cronómetro

Antonio Rivas

OPINIÓN

07 ago 2016 . Actualizado a las 09:09 h.

Tratar de explicar el indiscutible reinado de Katie Ledecky en el fondo y medio fondo del estilo libre no resulta fácil si juzgamos aspectos superficiales. Un metro y ochenta y tres centímetros de altura y 70 kg de peso no son suficientes para justificar las proezas de la americana y es necesario analizar cuestiones técnicas y tácticas para hacernos una idea de la dimensión de sus logros.

Desde el punto de vista de la ejecución técnica lo más destacable es su capacidad para mantener alineado su cuerpo durante el nado. Los errores en este apartado son frecuentes a la hora de respirar o realizar los movimientos de los brazos y ocasionan hundimiento del tronco y cierta sinuosidad en la trayectoria del cuerpo. En definitiva, pérdidas de velocidad nada interesantes. Ninguna de estas características son propias de Ledecky quien, además, es capaz de mantener excelentes apoyos en cada brazada. Sin embargo tampoco se nos escapan algunos aspectos de dudoso interés como su irregular batido de piernas o algunos problemas en la coordinación con el movimiento de los brazos.

Probablemente lo dicho hasta ahora tampoco diferencia a ninguna nadadora de una final olímpica.

Si estudiamos su último récord mundial en 800 el pasado enero podemos ver cómo esta nadadora afronta sus retos desde el punto de vista táctico. Durante los 8 minutos de este récord el ritmo de su braceo fue exactamente el mismo (43 ciclos por minuto con exactitud de 2 décimas de ciclo) con la salvedad de los últimos 50 metros donde fue capaz de aumentarlo hasta 48. Exceptuando los primeros cien metros y los últimos su tiempo parcial fue el mismo: 61 segundos y 4 décimas. Esto solo se explica mediante un trabajo durísimo en el entrenamiento durante años y probablemente sea una de las razones que posibilita a Ledecky a sorprendernos con finales dignos de la competición masculina. Ambición, ilusión, disciplina y aptitudes físicas son las características de muchos deportistas olímpicos. Cada vez que se zambulle a la piscina, la reina del estilo libre nos deleita con una clase magistral de cómo superarse a si misma. Sí, porque a la extraordinaria dificultad de hacer lo que hace hemos de sumar que lo logra prácticamente sola con la única compañía del cronometro.

Todo parece indicar que batirá sus récords, al menos los de 400 y 800 (sólo queda saber si sus registros serán estratosféricos). Quizá sus rivales de 200 puedan ofrecer algún ingrediente más a este espectáculo.

Antonio Rivas es profesor de INEF y entrenador de natación y triatlón.