«Esperando a Godot» o «El ángel exterminador»

Gonzalo Bareño Canosa
Gonzalo Bareño A CONTRACORRIENTE

OPINIÓN

No hay nada como salir del fragor de la ciudad y del asfalto para constatar que Auguste Comte tenía razón. «Todo es relativo», dijo el pensador francés, aunque la ignorancia atribuya la cita a Albert Einstein, que llegó al mundo cuando el bueno de Comte llevaba ya 22 años criando malvas. En efecto, todo aquello que nos parece urgente, grave e imprescindible cuando somos víctimas de la dictadura de la actualidad, se convierte en pompa de jabón y objeto de broma cuando uno se da el lujo de sentarse tranquilo y perezoso mirando al Cantábrico, ante un plato de gambas y una cerveza muy fresquita, como si no existiera el reloj. No hay nada como poner la antena en medio de un enjambre de veraneantes playeros para comprobar que, por más que nos lo pinten así, el ciudadano medio no está precisamente angustiado por el hecho de que casi ocho meses después del 20D España siga sin Gobierno. Si acaso, harto e indignado.

«Habría que encerrarlos a todos y no dejarlos salir hasta que formaran Gobierno». Esa es la frase que ocupa la primera posición en mi particular hit parade veraniego sobre lo escuchado a la hora del vermú. Y no es para menos. La situación en la que nos encontramos ha superado ya de largo cualquier previsión política seria y se adentra peligrosamente en el terreno de la comedia. Nuestros políticos parecen encontrarse cómodos en el inacabable juego del postureo. Y el Gobierno del país se ha convertido en una cosa molesta en la que nadie parece interesado, porque en cuanto alguien lo coja y se ponga a gobernar se acabará la juerga y empezará ese rollo de hacer política y administrar los recursos públicos.

Analizado fríamente, el panorama es un poco surrealista. Rajoy dice que quiere gobernar, pero tampoco parece que tenga mucha prisa. Pedro Sánchez se muestra ansioso por convertirse en líder de la oposición y Albert Rivera está entusiasmado, como un colegial a la espera de que comience el curso, con la idea de negociar los Presupuestos del 2017. Loables empeños, sin duda. Pero existe un pequeño problema en el que ni Sánchez ni Rivera parecen reparar. Para que el PSOE pueda ser por fin oposición -extraña ambición para un partido- y Ciudadanos pueda meter mano en las cuentas públicas, es requisito indispensable que haya un Gobierno. Y mientras ellos no se metan eso en la mollera, aquí seguiremos todos, no se sabe si esperando a Godot o encerrados como aquellos burgueses a los que Buñuel retrató en El ángel exterminador y que, sin que nadie supiera por qué, no podían salir del comedor. También aquí la salida está a la vista en forma de investidura, pero nadie parece querer tomarla porque todos prefieren seguir en este extraño limbo en el que no hay Gobierno, ni oposición, ni Presupuestos. Y, mientras tanto, Pablo Iglesias esperando aburrido a que este trío, que más que trío es tropa, como la de Romanones, se ponga de acuerdo de una vez para estrenarse en su papel soñado: el de ser la oposición a la oposición. Qué país.