Todo igual


Los partidos escrutan las encuestas a la búsqueda de una justificación. Pero la realidad es tozuda. Los españoles siguen donde estaban. No son ellos los que han de cambiar para ponérselo fácil a sus representantes. Son los políticos quienes tienen la obligación de moverse para salir del bloqueo. Sin excusas. Todas las encuestas y, aún más importante, dos elecciones han puesto en evidencia que ningún partido tendrá mayoría para gobernar en solitario y que ni siquiera los tradiciones bloques derecha-izquierda serán suficientes para formar mayorías claras. Los partidos deben asumir ya esa nueva realidad y dejar de jugar a la ruleta electoral para arañar unos escaños más. Su empecinamiento desacredita la democracia, al poner en cuestión la decisión de los ciudadanos. Un alto precio para una ganancia que, además, no cambiaría la correlación de fuerzas, como queda demostrado.

Los partidos deben cambiar radicalmente la forma en que gestionan los resultados electorales. Deben aprender a negociar, a transaccionar y ceder. Porque lo que de verdad importan son las mayorías parlamentarias. Una cámara fragmentada es reflejo fiel de una sociedad compleja, con intereses múltiples y cruzados, que no puede ser conducida con criterio único. Ser el más votado no da derecho a gobernar, y menos como si se tuviera mayoría absoluta. Tiene que ser capaz de fraguar coaliciones parlamentarias que reflejen la diversidad social y política. Y que lo hagan con fidelidad, para no construir artificios que traicionen el sentir de los ciudadanos. Esa es la encomienda que les han hecho los españoles y no pueden volver a traicionarlos.

Todo igual