El trágico amor del maduro Rajoy y el niño Rivera

OPINIÓN

11 ago 2016 . Actualizado a las 09:13 h.

Las seis (+1) condiciones que Rivera exige para ser un patriota y hacer lo que ya debía haber hecho hace siete meses son chachis y pirulis, y, si se analizan desde el infantilismo, la demagogia y el postureo, hasta parecen el huevo de Colón. Pero me temo que vayan a ser una desgracia para España si el PP no tiene arrestos para decirle «¿quién crees que eres, mi niño?», o que «para dar lecciones hay que doctorarse».

Convertir los procesamientos en una sentencia ejecutiva para los políticos ya es una injusticia severa, inadmisible en cualquier modelo penal serio, que solo por ignorancia e improvisación se coló en el discurso imperante en la España de hoy. Pero arrimarle la absurda supresión de los aforamientos y las inmunidades, garantía y símbolo de la libertad, la supremacía y la independencia de la institución parlamentaria, es una chuminada, que solo se puede defender desde la más absoluta ignorancia y desde un desprecio radical de la política, que convierte en sospechosos a todos los que la ejercen.

Más aún, si este ataque combinado a la independencia del ejecutivo y el legislativo se mezcla con el tipo de justicia atabanada y espectacular que estamos padeciendo, y con los plazos y fajos cubiertos de polvo que caracterizan la profesión judicial, ya habremos llegado a la dictadura de los jueces, que es la peor desgracia -Montesquieu dixit- que le puede caer a un país.

Las otras cositas -saltarse las competencias de la presidenta del Congreso de los Diputados para pactar la fecha de la investidura; simbolizar la lucha contra la corrupción en un solo caso, el de Bárcenas, que llena de plomo las alas del PP; reformar la ley electoral para favorecer los reinos de taifas en vez de caminar hacia parlamentos funcionales; limitar los mandatos sin más, confundiendo la esencia del modelo presidencialista norteamericano con el sistema parlamentario europeo, y eliminar los indultos a políticos sobre la base de que todos son partidistas y contrarios al derecho- hilvanan un programa que, además de carecer de sólidos pilares, porque casi nada de lo dicho está en las solas manos del Partido Popular y de Ciudadanos, arroja una visión pueril, obcecada y oportunista de la política española, que se olvida de las raíces para hacer balanceo en las lianas.

Lo malo es que esta negociación se plantea en un panorama muy estresado, con un PP acuciado por la necesidad, y con un Rivera que cree ser el enviado de Dios para regenerar el mundo. Y por eso temo que este alioli populista, que en realidad es una huida hacia delante, se consolide, para desgracia de España, en un escenario de aplausos y satisfacciones sin sentido. Yo, si fuese Rajoy, me plantaría. Y exigiría empezar la casa por los cimientos y bajo mi experta dirección. Porque incluso los buenos nadadores, cuando no escapan a tiempo de las corrientes traidoras, acaban en la morgue.