Vuelva usted mañana... o el próximo mes


Vísteme despacio que tengo prisa. Y Rajoy, tan amante él de las tradiciones, ha decidido aplicarse el dicho al pie de la letra. A la vista de la urgente necesidad de formar Gobierno, ha convocado a la ejecutiva de su partido para la próxima semana. Podía haberlo hecho para hoy mismo, pero ¿para qué correr? La calma con la que ha reaccionado demuestra el valor relativo del paso dado por Rivera. Tiene más de capital político para el líder de Ciudadanos que de importancia inmediata para desencallar la investidura. Ya lo dijo Rajoy, hay que ser realista, y el caso es que ni el voto de Ciudadanos, ni siquiera si se le sumara el del PNV, es suficiente para mantenerlo en la Moncloa. Necesita de la abstención del PSOE. Esa es la cuestión, ese es el objetivo. Rajoy intenta desviar los focos sobre Pedro Sánchez. Dejando pasar el tiempo, ese que no nos sobra, solo pretende que los socialistas se cuezan a fuego lento con sus propias contradicciones internas y en un mar de presiones externas.

Pero en esa misma senda de pragmatismo, Rajoy debería ser consciente de que no puede esperar sentado a que el PSOE cambie de posición. Con su pliego de condiciones, Rivera obtiene los suficientes réditos para justificar ante su electorado su nueva rectificación. Para que los socialistas se muevan, será necesario un incentivo de gran calado. De enorme calado político, porque creer que el PSOE vaya a abstenerse en vísperas de unas elecciones como las gallegas y las vascas es escasamente realista. Pero esperar a que pase el 25S es un desprecio a todos los españoles. Igual que Rivera ha hecho con sus exigencias de regeneración, Sánchez debería fijar un precio, aunque sea elevado. Y Rajoy debe olvidar los señuelos y mostrar qué está dispuesto a ofrecer de verdad. Lo que no puede ser es el vuelva usted mañana... o el próximo mes.

Vuelva usted mañana... o el próximo mes