Documental de peso


Ocho presentadoras de la televisión egipcia han sido relegadas de sus puestos para reducir su sobrepeso y lucir esbeltas como una sílfide. Se deduce que los hombres, que siguen al frente de sus trabajos, ocultarán bajo la ropa una tableta de abdominales que los convierte en profesionales mucho más eficientes. Sin esos remilgos por los tejidos adiposos, Telecinco convirtió el voraz apetito de Terelu en el centro de atención de Las Campos, su estrella del verano. Con la complicidad y el olfato de madre e hija, a ratos el programa asumía la obesidad como un efecto secundario de la medicación; a ratos se cebaba con ironía en su glotonería.

La empatía es un factor importante en la televisión y mucho público se habrá sentido identificado con la preocupación por las dietas, intolerancias y manías particulares del corrillo. Ahora una amiga aseguraba que las fresas hay que lavarlas con lejía; luego descubrían cómo controlar con el móvil la cocción del huevo; más tarde, discutían si son o no científicos los test genéticos orientados a la alimentación. Todo muy campechano y acorde con el entretenimiento propio de la cadena. Lo más disonante era la tenaz insistencia en clasificar al espacio como documental. ¡Qué tiemblen Michael Moore y David Attenborough! El género ha entrado en una nueva era.

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