Regeneración


Que el líder del principal partido de la oposición califique de prescindible una reunión con el candidato a la presidencia del Gobierno muestra el nivel de degeneración de la política española. Lo más grave no es la falta de acuerdo, sino la absoluta incapacidad para el diálogo. Una consecuencia de la radicalización general y del deterioro de la vida interna de los partidos. El elevado nivel de corrupción fue posible por la colonización de las instituciones por las fuerzas políticas y, paralelamente, por la oligarquización de estas. Sus dirigentes han vivido más pendientes de las luchas internas que de los intereses generales, lo que les ha llevado a vivir de espaldas los unos a los otros y a romper los puentes entre ellos. Pedro Sánchez se ha atrincherado por miedo a que le muevan la silla en el PSOE. Rajoy paga ahora el precio de la prepotencia y soberbia con la que gobernó durante cuatro años. Cada uno tiene sus razones y sus culpas, pero los ciudadanos somos los sacrificados en al altar del inmovilismo. Es evidente que solo una regeneración de los partidos puede romper un bloqueo que amenaza con llevarnos a unas elecciones perpetuas.

Regeneración