¿Qué puede hacer un Gobierno en funciones?


Un Gobierno en funciones es un Gobierno cojo: algunas de sus facultades, como la de presentar proyectos de ley -incluido el de Presupuestos-, están limitadas. Pero un Gobierno en funciones no está maniatado ni amordazado, como nos quiere hacer creer el presidido por Mariano Rajoy: está plenamente capacitado para adoptar cualquier medida motivada «por razones de interés general». Ni siquiera los juristas más ilustres son capaces de precisar la intensidad de la cojera -que no parálisis- descrita con excesiva ambigüedad en la Ley del Gobierno, mientras que la Constitución no establece límite alguno: solo dice en su artículo 101 que «el Gobierno cesante continuará en funciones hasta la toma de posesión del nuevo Gobierno».

Sugerir, como hizo la vicepresidenta en funciones, que el bloqueo político pone en riesgo la subida del sueldo de los funcionarios o la revalorización de las pensiones suena a chantaje puro y duro. Dirigido a los ciudadanos, por supuesto. Después rectificó con la boca pequeña, pero el mensaje, destinado a sembrar la inquietud entre diez millones de pensionistas y dos millones de funcionarios, ya estaba lanzado. Miente, aunque sea a medias, que algo queda.

Existe una clamorosa falta de pudor, escasa vergüenza y bastante jeta en un Gobierno que, a conveniencia del partido que lo sustenta, estira o achica discrecionalmente sus funciones. La ley dice que no puede aprobar planes que condicionen al futuro Ejecutivo ni adoptar actos de discrecionalidad política, pero eso no le impide prorrogar por sesenta años la concesión a Ence en la ría de Pontevedra. La ley le prohíbe nombrar o destituir ministros y suscribir acuerdos o tratados internacionales, pero no asignar al exministro Soria un retiro de lujo en el Banco Mundial, en premio por su experiencia en paraísos fiscales (el zorro, a cuidar de las gallinas). Para esos «casos de urgencia», que obedecen al «interés general», sí está habilitado el Gobierno en funciones. Para pequeñeces como las pensiones, los salarios públicos o los impuestos necesita Rajoy facultades plenas y nuevos Presupuestos del Estado. A eso se llama instrumentalizar las instituciones públicas con fines partidistas.

¡Cómo ha cambiado nuestro presidente! Gobernó la primera mitad del año 2012 con Presupuestos prorrogados y a golpe de decreto-ley. Apenas puso los pies en la Moncloa, en vísperas de las campanadas de fin de año, decretó una revalorización de las pensiones mínimas y contributivas, congeladas por Zapatero en el ejercicio anterior. Aprobó al mismo tiempo la mayor subida de impuestos, directos e indirectos, de toda la democracia. Y se quedó tan pancho. No esperó por unos Presupuestos que tardarían en llegar hasta finales de junio. ¿Por qué ahora no hace lo mismo? ¿Le tiembla el pulso o simplemente agita el fantasma del miedo para colocar a funcionarios y pensionistas en un falso dilema: o Rajoy en plenitud o la congelación en precario?

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