Un réquiem por el PSOE


Felipe González se siente engañado por Pedro Sánchez: este le dijo que se abstendría en la segunda votación de investidura de Rajoy. ¿Pero no quedamos en que el comité federal había acordado -¡por unanimidad!- oponerse al candidato del PP? ¿Quién engaña a quién? ¿Pedro a Felipe, Felipe al comité o el comité a todos los españoles? La arremetida del expresidente, tan incómodo en su papel de jarrón chino como Aznar en la otra orilla, apena. Y la de su exministro Corcuera, el de la patada en la puerta, produce sonrojo: dedica el mismo ahínco en insultar a su (aún) secretario general que en defender a Rita Barberá. La esquizofrenia se ha instalado en el seno del PSOE. Qué pena.

Pedro Sánchez se enroca, Susana Díaz se muestra disponible y Eduardo Madina se deja querer. Todos exigen responsabilidades por el desastre y la sombra de una gestora, ese ente que gestiona bancarrotas y partidos decapitados, asoma por el horizonte. Mientras tanto, la derecha se regocija, echa más leña a la caldera y se apresta a recoger sus dividendos. El primero, la investidura de Rajoy, una ganancia a corto plazo. El segundo, la aniquilación de su rival tradicional, un beneficio a medio plazo.

¿Pero nadie en el PSOE, entre tanta lumbrera de brillante y dilatado currículo político, se percata de que primeramente hay que definir la política y la estrategia, y solo después designar a las personas idóneas para llevarlas a cabo? ¿Qué piensa hacer Susana Díaz, la gestora o el sursuncorda que venga, después de facilitar la investidura de Rajoy? ¿Bendecirá las políticas que ayer combatía, desde la ley de educación hasta la reforma laboral, o exigirá su inmediata derogación? ¿Participará en la elaboración de los próximos Presupuestos del Estado, aprobará el techo de gasto, se corresponsabilizará de los recortes que vienen, se abstendrá cuando considere lesiva esta ley o aquel decreto ley? En suma, ¿dejará gobernar a Rajoy y cederá el ejercicio de la oposición a Podemos y sus mareas, mientras los socialistas se lamen las heridas y preparan convenciones, conferencias y congresos, o, por el contrario, se propone hacerle la vida imposible después de habérsela dado?

Llegado a este punto y aparte, cuando me proponía argumentar por qué las políticas deben preceder a los nombres, me llega la noticia de la dimisión de diecisiete miembros de la ejecutiva socialista, para forzar la dimisión de Pedro Sánchez. Luena, fiel escudero del secretario general, asegura que resistirán numantinamente el asedio y acusa a los «barones» de instigar un golpe de mano que pretende amordazar a los militantes, negándoles el congreso extraordinario previsto en los estatutos. La razón jurídica le asiste -solo quien nombra puede destituir-, pero las normas democráticas saltan por los aires cuando estalla la guerra. Y en esta guerra civil no habrá vencedores ni vencidos. Entre el fragor de la batalla solo se escuchan los estertores del PSOE. Así que me voy a escuchar el Réquiem de Mozart. Es lo que me pide el cuerpo.

Un réquiem por el PSOE