Comienza un tiempo nuevo


La pasada semana fue la más dura para el PSOE en las últimas décadas. Es innegable que todos quienes somos y nos sentimos socialistas asistimos con bochorno y tristeza a muchos de los acontecimientos que fueron desencadenándose desde el lunes hasta el sábado bien entrada la noche. A la 1 de la mañana, por fin, el Comité Federal aprobó por la práctica unanimidad de los presentes la comisión gestora que dirigirá el Partido durante los próximos meses, y cuya proclamación fue el punto final a una serie de hechos que nos disgustaron y enfadaron a muchos y muchas. Pero ahora, por fortuna, empieza un nuevo tiempo.

Los retos que tiene por delante esta nueva gestora no son pocos, ni pequeños. El primero de todos y el más acuciante: decidir qué va a hacer el Partido Socialista en lo relativo a la gobernabilidad de España, sobre lo cual debe tomarse una decisión antes del próximo día 31. Esta decisión, sobre la cual algunos han pretendido y pretenden hacer girar el debate de lo que ocurrió en la pasada semana, sólo puede tomarla un órgano dentro del PSOE: el Comité Federal, el máximo órgano entre congresos. Debe aclararse que este órgano, después de lo ocurrido la pasada semana, mantiene intacta su composición, a excepción de los miembros de la Comisión Ejecutiva Federal, por lo que la conclusión es sencilla: la posición del PSOE en la investidura no ha dependido nunca directamente de la permanencia del ex secretario general en su puesto, puesto que no era él quien iba a tomarla, sino el mismo órgano que la tomará ahora. La realidad, lejos de acompañar a aquellos que cuestionan la legitimidad de la gestora para tomar una decisión en este aspecto, es que nunca ha estado en el ánimo de quienes defendíamos la creación de dicha gestora que fuese ella quien tomase esa decisión. Corresponde al conjunto del partido hacerlo, y el conjunto del Partido será quien la tome, bien directamente en el Comité Federal, o bien convocando una consulta previa a la militancia para que se pronuncie al respecto. Estoy convencido de que la gestora sabrá gestionar la toma de esa decisión de la mejor manera para que todos y todas nos sintamos debidamente representados.

Y el otro gran desafío al que se enfrenta la comisión gestora puede que a ojos de algunos no corra tanta prisa, pero es igual de fundamental o más que lo que concierne a la investidura: es el reto de reconstruir un partido tremendamente roto y dividido, que venía estándolo desde hace mucho, pero que lo está sobre todo después de la última semana. Quien les escribe ha visto ya, no sin cierta incredulidad, cómo se acusaba a algunos compañeros -del llamado sector crítico, por supuesto- de «haber reventado el partido». No seré yo quien niegue que la tensión de la última semana ha sido causada por parte de unos y de otros, y que ha habido cosas totalmente prescindibles también por parte de unos y de otros. Pero tampoco seré yo quien olvide que hemos llegado hasta este punto por muchas decisiones irresponsables, y que podrían calificarse incluso de sectarias, por parte de algunos ex dirigentes de la ya extinta Ejecutiva Federal. No voy a detallar esas decisiones porque no conviene hacer leña del árbol caído, pero son esas las que en enorme medida han venido tensionando y dividiendo al partido hasta límites inaceptables en los últimos meses. Antes de sacar el dedo a pasear para señalar a presuntos responsables de la situación actual, conviene que todos hagamos un estudio retrospectivo de nuestras acciones en este tiempo, y seguro que así seremos mucho más prudentes en los ataques que proferimos hacia otros y en la tarea de endosar responsabilidades. No obstante, y por fortuna para el PSOE, el encargado de pilotar la gestora es un hombre curtido, honesto y con gran experiencia en lo que a coser orgánicamente se refiere. Javier Fernández cogió en el año 2000 una Federación Socialista Asturiana completamente dividida -que incluso gozando de mayoría absoluta en el parlamento asturiano, llegó al extremo de romperse el grupo parlamentario en la votación de la famosa Ley de cajas-, y consiguió en poco tiempo aglutinar y unir a todo el partido en torno a él. Su experiencia, sus firmes principios ideológicos de izquierda y su modestia le avalan para llevar a cabo una tarea que, si bien es difícil, estoy convencido de que llevará a cabo de manera intachable.

Porque el PSOE saldrá de esta, que nadie lo dude, y lo hará más pronto que tarde. Saldrá más fuerte, más unido, y con más ganas que nunca de seguir trabajando para cambiar y transformar este país. Y yo estaré siempre en la defensa de aquellas alternativas solventes, capaces y que lleven al PSOE a recuperar su apoyo social y su prestigio político. Cuando llegue el momento, en un proceso sereno y calmado como merece la situación difícil que atravesamos, y porque así lo disponen nuestros estatutos, toda la militancia votaremos para elegir a quien ocupe la secretaría general. Vaya que si lo haremos... 

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