Sánchez y el portillo de la traición


El grado de enconamiento con el que se atacó a Pedro Sánchez en la prensa convencional durante las últimas semanas, previas incluso a la cita electoral en Galicia y Euskadi, así como el airado estallido de las crisis en el interior del PSOE tras las declaraciones trapaceras de González revelando una conversación privada con el secretario general, deberían ser indicio de que los malos resultados de los comicios en las citadas comunidades son únicamente una excusa para el golpe de régimen promovido por don Felipe a favor de doña Susana.

Lo que falta por saber es si la verdadera causa del mismo obedece en realidad a la posibilidad de que el gobierno alternativo postulado por Sánchez fuera menos remota de lo que aparentemente se presentaba. Sólo así se entiendo una guerra tan ensañada como la que ayer se produjo en la sede de Ferraz, liderada por quien desde hace mucho tiempo debería haber dejado de ser santón de referencia en las filas del PSOE, esto es, el dios Felipe.

Tengo para mí que esas diecisiete dimisiones en la ejecutiva del Partido Socialista, que según sus protagonistas deberían bastar para que Sánchez dimitiera, fueron ultimadas con premeditación y alevosía en la madrugada del viernes previo a los resultados de las elecciones en Euskadi y Galicia. Ocurrió en un conocido restaurante de una localidad de la comarca de Benavente, al que acudió Susana Díaz con un buen número de los suyos. Esa noche la baronesa de Andalucía pernoctó en un hotel de Zamora, según una información publicada por La Opinión/El Correo de Zamora.

Luego sólo hubo que esperar a que el santón Felipe diera la señal de alerta al participar que su excelsa personalidad carismática se había sentido engañada por Pedro Sánchez, para que el PSOE de la renovación teórica que había aflorado con el nuevo secretario hace dos años -apoyado también por los mismos que ahora le traicionan- se viera amenazado de naufragio por las insidias de quienes aspiran a seguir siendo beneficiarios del régimen del 78 y de la vieja, acomodaticia e ineficaz política que lo ha venido sustentado.

Ante tamaño desaguisado, cuyas consecuencias desconozco cuando escribo esta columna, cabe recordar dos frases, pronunciadas en su día por dos Pablo Iglesias distintos. La primera la suscribió el fundador del PSOE al afirmar que algo se está haciendo mal cuando nos elogian nuestros adversarios, tal como ocurre con los epítetos dispensados a don Felipe por el Partido Popular. La segunda corresponde al líder de Podemos en aquella intervención en el Congreso, que algunos juzgaron desmesurada por las circunstancias en que se hizo, pero que en todo caso respondía a la verdad. Iba a dirigida a Pedro Sánchez y acaba de ser ratificada por los hechos: Cuídate del que tiene el pasado manchado de cal viva.

Recuerdo haber leído alguna vez, con ocasión del surgimiento exitoso de Podemos y los votos cosechados por este partido gracias en parte a los que le vinieron desencantados del Partido Socialista, que un Pablo Iglesias fundó el PSOE y otro Pablo Iglesias puede llegar a enterrarlo. ¿Tan fácil se lo quiere poner don Felipe y diecisiete de los suyos a partir de ahora?

*El ahora llamado Portillo de la Lealtad es según la tradición el lugar por el que Vellido Dolfos entró en la ciudad después de haber dado muerte al Rey Sancho II El Fuerte, en el año 1072, durante el episodio del Cerco de Zamora.

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