No es no, ¿o sí, «cueste lo que me cueste»?


El sábado se produjo el óbito y ayer, lunes, la comisión gestora se ha puesto a preparar las exequias. Pero no se confundan de entierro, que Pedro Sánchez ya ha sido sepultado: las campanas tocan a difunto por el Partido Socialista. Dicen que el PSOE lo fundó el ferrolano Pablo Iglesias hace una porrada de años, pero dudo que sea verdad. Mi memoria no alcanza a tanto. El PSOE que yo conocí lo fundó Felipe González y un grupo de andaluces en 1974, en Suresnes, y le puso la puntilla el mismo Felipe González y otro grupo de andaluces en el 2016, de forma inmerecida y grotesca, en la calle Ferraz.

De poco sirven ya los lamentos, pero, como buen gallego, permítanme desmentir, en la puerta del tanatorio, los argumentos del suicida, que llamativamente coinciden, de pe a pa, con la propaganda de la derecha.

No es verdad que el PSOE reventara por un problema de liderazgo. Que ni Zapatero ni Sánchez tenían el carisma de Felipe González -el Felipe anterior a Gas Natural- lo reconoce todo el mundo. Pero fíjense en la historia presidencial de Zapatero, que nació del no es no a la guerra de Irak y de la tragedia de Atocha. En su primer mandato ganó 263.000 votos; en el segundo, con Rubalcaba de candidato para salvar los muebles, perdió 4,3 millones de votos. ¡Y aún no había nacido Podemos! El problema no era de líder, como lo demuestra el haber ganado dos elecciones, sino de las políticas que anunció ese líder, compungido y «cueste lo que me cueste», en mayo del 2010.

No es verdad que los ciudadanos le perdonasen al PP su política y su corrupción. El PSOE gestionó la primera parte de la crisis y 4,3 millones de votantes le retiraron la confianza. El PP gestionó la segunda parte de la crisis y perdió 3,6 millones de votos. Uno y otro cayeron, al final de sus respectivas legislaturas, a mínimos históricos. Nunca el PP, desde su refundación en 1989, tuvo menos apoyos que hoy en día.

No es verdad que los ciudadanos le hayan vuelto la espalda a la izquierda. En la pasada legislatura, bajo la dirección de Rubalcaba primero y de Sánchez después, el PSOE perdió 1,6 millones de votantes y se quedó en 5,5 millones. Y en el campo que abandonó a su izquierda, porque desatendió a los damnificados de la crisis y nunca rectificó su deriva neoliberal, recolectó Podemos 5,2 millones de votos. Entre ambos, 10,7 millones de votos: tantos como el PSOE -o el PP- en sus mejores tiempos.

No es verdad tampoco que la gestora que ayer inició su andadura venga a rescatar al PSOE. Viene en plan mendicante: a rogarle a Mariano Rajoy que, «cueste lo que me cueste», no convoque unas terceras elecciones. Si lo hace, el PSOE está muerto -¿treinta, cuarenta diputados?- y el PP recupera la mayoría absoluta. Si no lo hace y acepta la mano tendida de los nuevos gestores, el PSOE continúa en coma, pero al menos ochenta y cinco diputados tendrán empleo durante cuatro años. Y el sorpasso en la izquierda se demorará otro tanto. Compadécete, Mariano. Por el bien de España, claro.

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No es no, ¿o sí, «cueste lo que me cueste»?