A Rajoy no le hace falta poner condiciones

Gonzalo Bareño Canosa
Gonzalo Bareño A CONTRACORRIENTE

OPINIÓN

Salvo catástrofe poco probable, España tendrá Gobierno antes de que acabe octubre. Diez meses después del 20D, se formará así un Ejecutivo con una receta que ha sido siempre la única viable: la de un acuerdo entre PP y PSOE. Algo que agrava la responsabilidad de quienes han bloqueado la única salida coherente, perjudicando los intereses de España y los del PSOE, cuya abstención aparece ahora como una decisión vergonzante cuando, de haberse tomado de inmediato, habría supuesto una demostración de responsabilidad democrática, coherencia política y sentido de Estado. Y si Javier Fernández parece dispuesto a imponer algo de cordura en un PSOE al que Pedro Sánchez había sumido en el caos y la irresponsabilidad, también Mariano Rajoy aplica sentido común en el PP. Pretender que, además de dejarles gobernar, el PSOE se comprometiera a aprobar los Presupuestos, era algo que a ningún demócrata se le ocurre. Cuando se gobierna en minoría, los votos y la estabilidad hay que ganárselos día a día en el Parlamento.

Dicho esto, y sin ánimo de deprimir a nadie, hay que decir que, por más que haya Gobierno, que es lo importante, la inestabilidad política y el fantasma de unas nuevas elecciones están muy lejos de haber desaparecido. La situación será exactamente la misma que ahora, con la única diferencia de que Rajoy, en lugar de estar en funciones, manejará el reloj y el calendario, sus dos armas favoritas. Y, aunque algunos le auguren una tortura en el Gobierno, sabemos desde Andreotti que el poder solo desgasta al que no lo tiene. Rajoy no pone condiciones porque no le hace falta. Lo primero que hará es presentar unos Presupuestos y un paquete de medidas para cumplir con las exigencias de la Unión Europea. Si el PSOE, o como alternativa la antigua CDC, se avienen a pactarlos con el PP, su Gobierno se consolidará. Si los socialistas impiden que salgan adelante, sumándose así a Podemos y a los independentistas, Rajoy disolverá las Cortes y llamará de nuevo a las urnas, pero esta vez cargado de argumentos sobre la irresponsabilidad de la oposición. Quiera o no, el PSOE debe elegir: pacto o elecciones.

Los socialistas podrían haber evitado ese laberinto en el que se han metido al plantear que solo hay dos opciones: abstención o comicios. Cualquiera de las dos tendrá un coste enorme para el PSOE. Pero existía una tercera salida. La que debió plantear desde el primer día. Una que le habría evitado tener que dar el Gobierno a Rajoy de forma humillante y a cambio de nada, le habría permitido condicionar las políticas que se pongan en marcha los próximos años, erigirse como el garante del Estado del bienestar y poner en valor a sus 85 diputados: forzar a Rajoy a un Ejecutivo de coalición con un socialista como vicepresidente y con ministros del PSOE. Entre abstenerse cargando con el estigma de facilitar el Gobierno de la derecha, provocando además un cisma en el partido, o implicarse en la gobernabilidad de España, el PSOE debería haberlo tenido claro. Todavía está a tiempo.