Cuando Sánchez vuelva será tarde


Los que hayan seguido el golpe de Ferraz (pues sólo así puede calificarse un movimiento político que lejos de tirar a un líder que se aferra al sillón, lo que hace es evitar que la militancia se pronuncie en primarias y congreso, los dos instrumentos más democráticos que tiene un partido para gobernarse) se habrán preguntado cuál es el escenario que nos espera más adelante.

El secuestro durará unos días, no es eterno. No estamos ante una situación como la británica en la que Corbyn se enfrenta al aparato (y aún así gana), sino que la situación para el «establishment» es mucho más delicada: Aquí hay una parte del aparato del PSOE (el que lideran Javier Fernández y Susana Díaz) enfrentada a otra parte del aparato (la que lideran Pedro Sánchez y algunos otros barones regionales como el PSOE de Baleares o el PSC). La militancia es difícil de cuantificar, pero si los golpistas han preferido secuestrar el partido antes que pasar por primarias, algo me dice que es que no les dan los números. De haberles dado, habría sido sin duda mucho más estético y habría tenido mucho menos coste político pasar por un congreso o por un proceso de primarias para acabar llevando el barco al puerto que querían: el de la abstención.

Así, vista la situación, no es nada descabellado que Pedro Sánchez haga un regreso (congreso o primarias mediante) y ponga fin al secuestro del PSOE. Pero en política, si hay algo más importante que la aritmética, eso son los tiempos; y el tiempo es hoy propiedad de la gestora. Es precisamente éste el mayor poder que Javier Fernández, Susana Díaz y los suyos tienen: el poder fijar los tiempos. El congreso llegará (porque no se puede mantener un partido secuestrado eternamente y es perceptivo organizar congresos) pero no llegará antes de que lo decidan ellos, no llegará antes de la abstención, de la investidura, del nuevo gobierno tripartito.

El intento de lavado de cara estará allí: Un Sánchez triunfador, que vuelve a traer al PSOE a las esencias socialistas que abandonó durante el período de «enajenación transitoria». Ése será al menos el relato que entonces quieran vender, pero será tarde: el daño estará hecho y sólo una moción de censura (aritméticamente más difícil de conseguir que una investidura) podría enmendarlo.

En mi opinión, al PSOE sólo lo puede salvar una cosa: Renunciar a ser la alternativa al PP, renunciar a ser «el gran partido de la izquierda» que fue durante décadas y asumir su rol actual: el de centro político. Y es que la realidad es la que es: El PSOE está presente en todas las quinielas de gobierno y vale hoy lo mismo para investir a Carmena que para investir Rajoy. Si el PSOE se conforma con la mitad de los escaños que tiene hoy y con ocupar un espacio político que es menor que el que tuvieron antaño pero que puede dar mucho más juego, puede haber PSOE para rato en coalición con UP o con PP y tener una presencia segura en casi todos los gobiernos. A fin de cuentas, ya han pactado y ya habrán investido a presidentes y alcaldes de estos partidos en varias ocasiones. La pregunta es si los dirigentes se darán cuenta de cuál es su nuevo rol en el sistema político español y si están dispuestos a jugar esa carta.

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