Con Goodway y contra Humdinger


Está de moda encontrar similitudes entre series como «Juego de tronos», «House of Cards» y el juego de ambiciones, estratagemas, mezquindades y traiciones en el que se mueve la política. Estoy seguro de que me estoy perdiendo algo interesante, ya que lamentablemente la gestión del recurso más preciado -el tiempo- hace que me decante por obligaciones perentorias, dejando un reguero de oportunidades que ya veremos si vuelven y ese sentimiento inquietante de no estar en la onda. Vamos, que aunque sé quién es Frank Underwood y que Pablo Iglesias regala con pretendidos mensajes políticos copias de temporadas de la otra serie (y hasta tiene un estudio publicado sobre la cuestión), desgraciadamente no sigo en condiciones nada parecido desde que el Dr. House y el Dr. Wilson emprendieron un viaje final en motocicleta, y ya llovió.

Tengo, sin embargo, como muchos padres y madres, una alternativa. Y me temo que en este caso, dada la radical inclinación a la simplificación a la que tiende la actividad política en bastantes ámbitos (y a la que en estas líneas me tomaré la licencia de sumarme), puede servir como referencia. Viendo la campaña electoral de las presidenciales de Estados Unidos, y tragándome invariablemente las historias de la Patrulla Canina (porque está por todas partes del universo parvulario), no dejo de ver en Donald Trump un trasunto del alcalde Humdinger de Foggy Bottom. Se trata de todo un WASP, entregado a la obtención de la victoria (en las competiciones con la Alcaldesa Goodway de Bahía Aventura) valiéndose de trampas si es necesario, entregado al narcisismo, despreciando al rival y cultivando la afición al espionaje tecnológico para seguir a los protagonistas (recordemos el reciente hackeo, imputado a Rusia, de servidores del Partido Demócrata para obtener y divulgar, en beneficio de Trump, información comprometida). Por si fuera poco, Humdinger se parece bastante a Rich Uncle Pennybags, es decir, Mr. Monopoly, emblema del juego que el magnate Trump practica sin escrúpulos en la vida real, quiebras incluidas en repetidas ocasiones. La rival de Humdinger, por otra parte, es, como Obama, de origen interracial; y, como Hillary, mujer y defensora de los servicios públicos (ahí está la Patrulla Canina, prodigio de eficacia y envidia de cualquier servicio de emergencias); y, sí, puede ser un pelín frívola como parece que lo ha sido nuestra querida Hillary con el correo electrónico, pero se hace perdonar con la generosidad, lo bien que acaban siempre las cosas y el buen rollo.

No sé si los creadores canadienses de estos dibujos barruntaban que un fenómeno como el de la candidatura de Trump estaba por venir, pero lo han clavado. Yendo a la visión conspiranoica, la cadena donde nació la serie es la televisión pública de Ontario, gobernada por el Partido Liberal de este Estado canadiense, de orientación progresista, gobernadora declaradamente homosexual y aliada del gran Justin Trudeau; y Viacom, la empresa multimedia propietaria de la cadena Nickleodeon donde se programa para EEUU y el resto del mundo, es contribuyente del Partido Demócrata y tiene como primer ejecutivo a Sumner Redstone, de la comunidad judía progresista de la Costa Este. Ya tenemos materia para la trama; sólo falta una portada del ABC denunciando la maniobra y pidiendo contraprogramar, como aquella gloriosa (4 de abril de 1997) en la que reclamaban un guiñol alternativo al de Canal Plus (¡cómo lo echamos de menos!).

Yo, mientras tanto, declaro a los cuatro vientos mi apoyo a Hillary Goodway y trato de convencer a mis parientes norteamericanos para evitar que Donald Humdinger acabe un día controlando el botón nuclear mientras rumia el latiguillo de su reality show (...you are fired!).

Comentarios

Con Goodway y contra Humdinger