¿El Lehman Brothers europeo?


El Deutsche Bank acudió al último examen de la banca europea y obtuvo un notable alto. Pero hizo trampas. Y las hizo en connivencia con el tribunal examinador. El BCE, según destapó el Financial Times, le permitió maquillar sus resultados con una venta de activos que aún no se había producido. Y uno no sabe qué vertiente de esta historia reviste mayor gravedad: si ese trato de favor dispensado por la institución europea a la que cedimos nuestra soberanía monetaria, o si la letal bomba de relojería en que se ha convertido el principal banco de Alemania. Lo primero indigna, lo segundo acongoja.

El BCE debería explicar en Madrid, en París y en Atenas, en todas las capitales de la eurozona y no solo en Berlín, por qué discrimina en su evaluación -poniéndoles un examen más difícil- a las entidades no alemanas. Nuestro ministro en funciones Luis de Guindos, que seguramente se enteró del asunto por la prensa como este hijo de vecino, reduce el escándalo a una cuestión de transparencia. «Europa -dijo- no puede dar la impresión de que tiene algo que ocultar». El problema, querido ministro, estriba en que el BCE sí tiene algo que ocultar: que utiliza dos varas de medir y que ambas las manejan Merkel y Schaüble a su albedrío y conveniencia. Oscurantismo sí, pero al servicio de la discriminación.

Pero lo que de verdad se quiere tapar, cada vez con menos éxito, es el calamitoso estado del Deutsche Bank. El gigante alemán se encuentra al borde de la quiebra y si la explosión se produce provocará un terremoto catastrófico en el sistema financiero europeo. No hay exageración en la metáfora. Los analistas advierten que podemos asistir a un nuevo Lehman Brothers, el banco estadounidense cuya detonación, hace ocho años, abrió la mayor crisis económica desde la Gran Depresión. Lo que vino después ya lo sabemos, la mayoría en carne propia.

Al Deutsche Bank, el mismo que allá por el 2011 ideó la «quiebra suave» de Grecia, lo ahoga un endeudamiento desorbitado. Su pasivo supera en más de un 50 % toda la deuda pública española. Su apalancamiento rebasa al de Lehman Brothers: por cada euro de capital propio tiene cuarenta de deuda. El valor de sus acciones se redujo a la mitad en el último año y más del 90 % desde el 2008. En el 2015 declaró unas pérdidas netas de 6.800 millones de euros, al tiempo que aprobaba un drástico plan de ajuste que comprende 15.000 despidos, la salida de diez países y el cierre de centenares de filiales. A mayor inri, las autoridades estadounidenses pretenden imponerle una multa de 14.000 millones de dólares por la venta de productos tóxicos.

Este es el alumno aventajado que obtuvo, con la complicidad del tribunal, una nota de 7,8 puntos. Un alumno que no puede caer y que, por tanto, habrá que rescatar. Será entonces el mayor rescate nunca visto en Europa, porque los activos del banco equivalen a toda la riqueza que produce la economía española en un año y medio. ¿Creen ustedes que la factura la pagará solo Alemania?

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