El micrófono


Cuando se evocan las aportaciones de Madonna a la estética de los noventa, las imágenes recurrentes son las cruces de bisutería y la lencería al aire. Pero su gran salto de modernidad tecnológica se produjo el día en que emergió en el escenario con un micrófono a una diadema adosado y dio por inaugurada la era inalámbrica. Por primera vez, una artista bailaba sin enredarse, manifestación primigenia del concepto manos libres.

Adosado al pelo o como aplique en la solapa, el micrófono se ha convertido en una herramienta necesaria que tiende progresivamente al minimalismo en televisión. Al menos así fue hasta que Hillary Clinton y Donald Trump aparecieron en el debate presidencial aferrados a sendos micrófonos vintage que han dado pie a chistes antológicos, como ese dueto de Time of my Life que es ya el último gran éxito de Internet. Si los debates en España han sido una herencia de la televisión norteamericana, habrá que esperar que las próximas convocatorias, sean estas cuando sean, tiendan a abandonar progresivamente los platós de estética espacial para extender una mullida alfombra a los pies de los candidatos, que ya no tendrán que gesticular con un bolígrafo ni mover nerviosamente las manos. Un viejo altavoz será su tabla de salvación.

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El micrófono