Los de fuera y los de dentro, «after» y «spa»


Paso la Fiesta Nacional amodorrado en el sofá porque, como al divino Brassens de La mala reputación, la música militar nunca me supo levantar. Espero que esta confesión no dé pie a que me acusen de antipatriota o de experimentar un acelerado proceso de podemización. Sería injusto, porque me considero una persona de orden, educada y dialogante, atributos que me asigna mi amigo Vázquez Portomeñe en su libro de memorias y que me gustaría merecer. Gracias, Víctor.

A media tarde me percato de que toca columna, enciendo con desgana el ordenador y busco un tema propicio. Pero la vida sigue igual, en el balancín de la Gürtel, las tarjetas black, la cosa esa de la investidura de Rajoy y el debate hamletiano del PSOE entre el ser y el no ser. Me llaman la atención sendas declaraciones de la baronesa Susana Díaz y del presidente de la gestora, Javier Fernández. Dice la primera que el Partido Socialista se está apaciguando, que ya no existe «clima bélico» y que ha pasado de vivir en un after a vivir en un spa. ¡Toma anglicismos! Y dice el segundo, textualmente: «Tengo la sensación de que me entienden más fuera que dentro». No sé si existe contradicción entre ambos decires, pero creo sinceramente que los dos deberían emular al Rajoy con quien flirtean: «Lo mejor que puedo hacer es estar callado».

A mí me parece que Susana Díaz ejemplifica, con su metáfora, la desconexión de los dirigentes socialistas con la España real. Quizás porque soy de Monterroso, enclave de la Galicia profunda, necesito acudir al diccionario para comprender el significado de after. Hasta ayer mismo solo me sonaba el after shave, el bálsamo o la loción para después del afeitado, pero ahora sé que también existe el after party, la fiesta después de la fiesta. Lo del spa me suena algo más, aunque lo practico algo menos. Hay quien sostiene que la palabra remite a la ciudad belga de Spa, famosa por sus baños romanos, y hay quien asegura que se trata del acrónimo de salus per aquam, salud a través del agua. Después de mis pesquisas ya estoy en condiciones de traducir al román paladino la declaración de Susana Díaz: el PSOE estaba instalado en el disparate, en la fiesta perpetua, y ahora comienza a relajarse como los agüistas de Mondariz.

Javier Fernández no comparte esa apreciación. Los suyos, relajados o no, lo entienden menos que los de fuera. Me encanta la ingenuidad que transmite la queja y me sorprende que se sorprenda el nuevo líder. Los votantes del PP entienden perfectamente que abogue por la abstención y les facilite el Gobierno. Los de Podemos se frotan la manos y se disponen a recoger las truchas muertas que flotan en el río. Pero hay cinco millones y medio de ciudadanos que votaron al PSOE y, al mismo tiempo, emitieron un voto de censura al PP. Y esos, como los del himno gallego, non nos entenden, non. Habrá que insistir en la pedagogía.

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Los de fuera y los de dentro, «after» y «spa»