El colapso del PSOE y el fin de una época

OPINIÓN

17 oct 2016 . Actualizado a las 05:00 h.

Sigue el Partido Socialista a vueltas con la abstención y la forma en la que llevarla a cabo. Desde la abstención por parte de todo el grupo parlamentario, hasta la ausencia de once diputados socialistas o la abstención de estos once. Todas ellas son las posibilidades para realizarla que se barajan ante la celebración del próximo Comité Federal que tendrá lugar la semana que viene, y en el que algunos aun siguen manteniendo su postura de votar no a Rajoy.

Los pros y los contra de las dos opciones que están sobre la mesa, es decir, si abstenerse o no, parecen claras. La abstención supondría ganar tiempo para un partido descabezado y desnortado, que evitaría las terceras elecciones a cambio de certificar que le importa más sostener el sistema político actual que la transformación del mismo, y supondría en la práctica (y en el relato), que el PSOE deja de ser alternativa al PP en un alineamiento de las élites, que existe para buena parte de la población desde incluso antes de mayo de 2011. Las terceras elecciones, por contra, conllevaría mantenerse firmes en el rechazo a Rajoy y al Partido Popular, aunque con ello supusiese ir a una nueva cita con las urnas en unas condiciones absolutamente precarias y sin ninguna garantía de éxito o de al menos de repetir el resultado actual, tras la semana trágica del PSOE que culminó con el mayor esperpento posible en forma de Comité Federal donde Pedro Sánchez acabó dimitiendo. Pasan por alto los defensores de esta postura, que en las urnas se produciría una reacción conservadora considerable ante el bloqueo político, que se ha convertido en la principal cuestión de la agenda política, y la incertidumbre que genera en buena parte de la población. Además, esta reacción se habrá acentuado por la implosión interna del PSOE. Por lo tanto, ambas opciones, a estas alturas de la película, son un desastre para el Partido Socialista. Pero se equivocan todos ellos en considerar la cuestión de la abstención como el principal problema del PSOE, que aun siendo relevante, no es ni mucho menos determinante, más allá de cuestiones estratégicas.

El colapso del PSOE se remonta, como mínimo, a 2008. Lejos de lo que mucha gente cree, el declive electoral del Partido Socialista no comienza con los recortes y el giro de 180 grados que el Gobierno de Zapatero lleva a cabo en mayo de 2010, sino con la negación de la crisis y el descrédito que esto le provoca entre la ciudadanía, y así lo evidencian los datos existentes. Pero esto tampoco es la clave del colapso por sí solo, sino que lo es la propia crisis económica que tiene lugar en España, donde los anhelos de progreso y prosperidad que para buena parte de la población (y especialmente de la autodenominada como clase media) encarnaba el PSOE quiebran, al quebrar precisamente el sistema político que el propio Partido Socialista (el partido que más tiempo ha gobernado en el Estado español en los últimos 40 años) vertebraba. Por lo tanto, debe quedar claro, que la crisis del sistema político del 78 no se entiende sin la crisis del PSOE, y viceversa. También lo es la crisis territorial del Estado, a la que el Partido Socialista no sólo no da respuesta, sino en la que además se está imponiendo la visión de Andalucía y Extremadura, que a su vez son las que cada día tienen más peso interno y son, precisamente, las Comunidades que más se benefician de las transferencias actuales, y que sin superar ese modelo y aceptar abiertamente la plurinacionalidad del Estado español, el PSOE será incapaz de recuperar el terreno perdido en el norte.