De cuando todos defendían el no


Mariano Rajoy no puede seguir gobernando, porque sería indultar la corrupción, tendría que haber dimitido de forma inmediata por el caso Gürtel y los mensajes de ánimo que envió a Bárcenas cuando ya se sabía que tenía una fortuna escondida en Suiza. El PSOE no tiene una sola razón para darle su apoyo, no puede hacer de monaguillo de Rajoy, que debería haber movido ficha y buscado la investidura y la estabilidad en otro sitio, en las fuerzas que le son afines ideológicamente, no en el PSOE. No es razonable que le facilite la investidura por coherencia y lealtad a la palabra dada. Si lo hace, perderá su credibilidad y habrá traicionado a sus más de cinco millones de votantes. Si el PSOE hubiera dicho en la campaña que con su voto iba a hacer presidente del Gobierno a Rajoy habría sacado la mitad de los escaños. No puede ser cómplice del daño y el sufrimiento que han causado sus políticas a los ciudadanos. Daría un balón de oxígeno a Podemos y supondría su desaparición como alternativa. Sería pan para hoy y hambre para mañana. Nadie debería haber quebrado la unidad del PSOE en su rechazo a Rajoy, que no es de fiar.

Este artículo refleja las declaraciones de Susana Díaz, Javier Fernández, Alfredo Pérez Rubalcaba, Antonio Hernando, Emiliano García-Page, Ximo Puig, Guillermo Fernández Vara y Javier Lambán. La gran mayoría de ellas las hicieron después de las elecciones del 26 de junio. Es decir, cuando ya sabían cuál era la aritmética electoral. En el comité federal del 9 de julio, que mantuvo el no a Rajoy, no se oyó una sola voz favorable a la abstención. Aún ahora, a menos de una semana del decisivo cónclave socialista, esa palabra sigue siendo tabú entre sus defensores.

De cuando todos defendían el no