El PSOE, con un pie fuera del mapa


Doy por descontado que, el próximo domingo, el Comité Federal del PSOE decidirá abstenerse, dará un nuevo paso hacia la insignificancia y Mariano Rajoy iniciará su segundo mandato antes de que termine el mes. A partir de esa evidencia, el columnista puede encaminar su reflexión en dos direcciones. En la primera, visión a corto plazo que diría un economista, se limitaría a describir la batalla, evaluar el grado de satisfacción que transpiran los partidos vencedores -PP, pero también Ciudadanos y Podemos y su amalgama de mareas- y hacer recuento de bajas en las huestes socialistas. Para ese relato sobrarán juglares, así que opto por levantar la vista y otear el horizonte. ¿Cómo será el mapa político español que, dentro de uno, dos o cuatro años, dibujarán las próximas elecciones?

Lo de profeta no se me da bien, a diferencia de los perspicaces politicólogos que siempre aciertan, aunque nadie sabe por qué no se forran por el sencillo método de trasladar su sabiduría al juego de la bonoloto o de la Bolsa. Pero sí me atrevo a predecir, a la vista de los datos disponibles, que las gloriosas siglas del PSOE ocuparán un punto irrelevante en el mapa del futuro. El que identifica al villorrio en extinción, probablemente con acento andaluz o extremeño, frente al círculo grueso de las capitales.

Baso mi pronóstico en dos constataciones simples. Desde el último y esperpéntico Comité Federal de los socialistas, hay cinco millones y medio de ciudadanos que buscan otra opción política que los represente. Son votantes irreductibles: los que alguna vez dudaban entre votar al PSOE o al PP no son estos. Las sucesivas elecciones depuraron a los indecisos y quienes sobrevivieron son, irreductiblemente, votantes anti-PP. Añádase un segundo dato: desde la reinstauración de la democracia -porque sería feo remontarnos a la República- España siempre estuvo dividida por la mitad, punto arriba punto abajo, entre derecha e izquierda. Derecha más o menos moderada, izquierda más o menos tibia, pero ese fue el esquema y el bipartidismo imperfecto su expresión política. Y no creo que el patrón se modifique en el futuro inmediato: ni la izquierda emigrará en masa hacia la ribera derecha, ni el PP se convertirá en partido único como el PRI mexicano.

Juntemos las dos premisas y la conclusión del silogismo salta a la vista: el PSOE se ha metido en una trampa mortal. Cogobernará con el PP, porque si pretende desmarcarse y ejercer el papel de oposición que le asignaron los ciudadanos -Susana Díaz dixit-, el comandante Rajoy manda parar, disuelve las Cámaras y a los del puño y la rosa los envía a galeras. ¿Y adónde irán los cabreados por los recortes que vienen, los cinco millones y medio de votos de Pedro Sánchez, la media España que cojea del pie izquierdo? ¿A Podemos, a la rama errejonista desgajada de esa formación, a un nuevo partido aún no nacido, al salón de casa del abstencionista...? Vaya usted a saber. Ya dije que mis facultades proféticas son limitadas.

El PSOE, con un pie fuera del mapa