Los Premios desde el último reducto republicano y de la verdadera izquierda


La semana de los Premios Princesa de Asturias Oviedo está de gala, y eso se nota. Cuanto más cercano está el día de la entrega las colas para sacarse fotos con Woody y Mafalda crecen, cada rincón del centro de la ciudad queda inmortalizado. Manolín muestra sus mejores galas, saca sus grandes dotes de prestidigitador para conseguir un mejor botín; no suele irle mal.

El recorrido desde El Reconquista hasta el Campoamor está repleto de gente, agolpados tras el cordón de seguridad. Mire uno donde mire siempre ve a un policía, el despliegue es tremendo. Curioso caso el de la Policía, que están para proteger y dar seguridad, y cuando les vemos nos suelen inquietar.

Nunca entenderé a esos cientos de personas que un viernes por la tarde no tienen nada mejor que hacer que acudir a ver a gente famosa y aplaudirles y vitorearles. Tampoco a los que se manifiestan en contra en la Plaza de La Escandalera, pero al menos estos defienden sus ideas; por otra parte algo muy de la ideología comunista, que son la mayoría de los que se manifiestan: muchas ideas y poco trabajo, no vaya a ser.

Me planto en la Escandalera, antes de llegar ya podía observar muchas banderas republicanas -de la segunda república, que es una bandera feísima aunque la canción diga: «amarilla y roja es la bandera falseada, la bandera verdadera es roja, amarilla y morada»; otras del PCE, sí aún queda alguien; por la independencia de Asturias; y banderas del orgullo LGTB, que no sé muy bien que pintan aquí. Además veo pancartas «Fartones», otras «Bienvenidos premiados hasta nunca patrones». Los cánticos son numerosos y pegadizos, me encantan esas rimas fáciles y canciones tan propias de un estadio de fútbol que se dan en las manifestaciones y distintas revendaciones, desde «España, mañana, será republicana», pasando por «Los gastos reales para escuelas y hospitales» y acabando con «Que no, que no, que no nos representan», «Fuera, fuera» y «Los borbones a los tiburones».

Hay menos gente que el año pasado, pero la protesta en contra de los Premios Princesa de Asturias sigue contando con merchandaising, me acerco a uno de los puestos y veo un busto de Marx y Lenin y otro de Fidel Castro -el de Fidel estuve a punto de llevármelo para meterlo dentro del humidor de puros y que todos sepan tan ricos como los que él fuma-; imanes de Mao, de Marx, de Hugo Chávez a 1 euro; y unas chapas a razón de 2 euros, chapa de la bandera de la URSS que compré por solidaridad. Traté de regatear en la compra y no hubo manera «hay que vivir», me dijo el vendedor, el capitalismo, quieran o no, llega a todas las banderas.

Un policía, cámara en mano graba a los que allí se manifiestan con todo su derecho, y a mí. Eso sí, Dios les libre si cambian las tornas y son ustedes los que graban. Gracias a, más bien por culpa, del Ministro del Interior, a ése que se le apareció la virgen en Las Vegas y según él cayó del caballo como San Pablo, pueden cometer un delito.

La media de edad de la gente que aquí concurre está más cercana a la tumba que a la universidad; como ésta sea la esperanza republicana, comunista, y marxista-leninista, entiendo que Rajoy y el PSOE estén tan tranquilos. Veo a un señor cercano a los 60 años con rastas y tocando una flauta, y no puedo dejar de pensar en que podría ser mi padre: se me cae el alma al suelo. Veo como les dice a unos chichos envueltos en una bandera republicana «No cambiéis, cuando yo era joven había muchos como vosotros, ahora trabajan en bancos y así, son unos capitalistas, más fascistas que Franco».

Aquí están bastantes representantes de Podemos, pude ver a Ripa y Suárez del Fueyo; cosa que les honra, pues son consecuentes con sus ideas pese a ostentar responsabilidades políticas, y eso es tan raro en este país.

Se acerca el inicio de los Premios, empiezan a entrar en el Campoamor «la oligarquía y los patrones» como dicen aquí, los pitos y cánticos se acrecentan, los gaiteros se dejan los pulmones y los tamborileros las manos para tratar de acallarlos. Tiene ese punto de tragicomedia como cuando pitan en la final de la Copa del Rey y suben el volumen del himno para mitigarlos; por muchas mañas que inventen, el descontento sigue ahí.

Pregunto a varios manifestantes la razón que les mueve a estar aquí, «en el ultimo reducto republicano y de la verdadera izquierda» que me dice uno de ellos. Pero me quedo con la declaración de un joven: «Estoy aquí porque hay que romper con la Monarquía por su papel como catalizador de la oligarquía en España. Abandonar la Monarquía es el eje del cambio social que debe acometer España». Ya son las 18:30 h. y los invitados ya están acomodados en el Teatro Campoamor, es hora de irse.

Es cierto que la ciudad vive y siente los Premios, la mayoría de los ciudadanos respaldan y apoyan los Premios Princesa de Asturias. No hay mejor campaña promocional para la región, y para Oviedo en particular, que estos premios. El mundo entero fija el foco sobre nosotros. Pese a todo, no podemos obviar los claroscuros que llevan aparejados, tampoco las partidas públicas que los financian.

Los que están a favor, los que están en contra: ambos tienen razón. Unos tienen más que otros, pero eso ya lo dejo al juicio de ustedes.

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