El PSOE en la encrucijada, de servidumbres y traiciones

OPINIÓN

27 oct 2016 . Actualizado a las 05:00 h.

El PSOE no lo tenía fácil. Cualquiera que fuese su decisión estaba condenada a ser mala. Apoyar a un partido que rezuma corrupción y que no ha querido regenerarse resultaba una opción descorazonadora, pero concurrir a otras elecciones, con el hartazgo ciudadano, tampoco parecía muy halagüeño. Sólo cabía, pues, ponderar cuál de los dos males se mostraba menos perjudicial. Y aquí surge la división que parece haber fracturado de forma casi irreversible al partido: para los partidarios del «No es No», el PSOE debía permanecer firme como una roca, no tener miedo a unas terceras elecciones consecutivas y ser coherente con su programa. Para la gestora encabezada por Javier Fernández, una abstención resultaba el mal menor, cuando no la única solución, porque pactar con Podemos significaba hacerlo también con los independentistas, y no pactar abocaba a unos nuevos comicios.

Personalmente creo que se ha optado por la única solución viable, mal que les pese a los sectores más inmovilistas del Partido Socialista. Encabezar un Gobierno con su exiguo número de diputados, y contando con fuerzas políticas cada vez más radicalizadas, sería una incoherencia; abandonarse a unas nuevas elecciones una falta de respeto al electorado. Pero, lejos de resignarse a que la abstención es el menor de los males, el sector insurgente del PSOE clama ahora por obviar la disciplina de voto (con la que no estoy de acuerdo, dicho sea de paso), pero no se quejaron de ella cuando les convenía, ni tampoco cuando se reformó el artículo 135 de la Constitución yendo de la mano con el PP, ese partido que ahora les resulta tóxico.

Abstenerse, dicen, supone faltar al compromiso con las bases del partido y la de los propios electores. Pero saber qué piensan a día de hoy los militantes socialistas (la mayoría, no los que asedian Ferraz, que son unos pocos), requeriría un proceso que, por su duración, no podría concluirse antes del plazo de disolución legal de las Cortes. La coyuntura ha cambiado tanto tras las segundas elecciones consecutivas, que el acuerdo adoptado por el Comité Federal del PSOE en su día poca validez tiene a día de hoy. No se diga, pues, que nada ha variado como para tener que reemplazar el «no» por una abstención porque no es cierto? vaya que si han cambiado las cosas: un segundo descalabro del PSOE, no sólo en las Elecciones Generales, sino también en las elecciones vascas y gallegas, y un repunte a nivel nacional del PP. Quien diga que nada ha cambiado es que es muy miope: ahora se certifica que, por mucho que digan las encuestas del CIS, a los españoles no les quita demasiado el sueño la corrupción del partido gobernante, vaya Vd. a saber por qué. A la mayoría de nuestros conciudadanos les preocupa más que gobierne Podemos que el tener que soportar cuatro años más a quienes tanto daño han hecho al Estado Social, y tanto han robado de las arcas públicas. ¿Qué nada ha cambiado? Pues sí: ahora se ratifica que el PSOE está en caída libre, que el PP recupera terreno (en parte en detrimento de Ciudadanos), que Podemos se desinfla como un globo pinchado por el radicalismo de Pablo Iglesias y los conflictos internos, y que IU ha dejado de contar en la política nacional al haberse dejado absorber, absurdamente, por Podemos.