Inseguridad social y orden público


Sostendré en esta columna que los hechos que mañana sábado se desarrollarán dentro y fuera del Congreso de los Diputados, si bien pueden suponer algún riesgo para el orden público y la comodidad ciudadana (como amplifican algunos) son consecuencia, en mi opinión, de un riesgo inconmensurablemente mayor. Un riesgo galopante de inseguridad social. Por falta de seguridad, de independencia, por miedo social al presente y al futuro. Me explico.

La continuidad de Mariano Rajoy como presidente del Gobierno, con los votos positivos de PP y Ciudadanos y la abstención de un número indeterminado de diputados del PSOE, implica dar continuidad a Gobiernos (del PP y del PSOE) que han llevado al país a un inquietante territorio de inseguridad social.

Cómplices ambos en la burbuja financiero-inmobiliaria, y en la posterior gestión de la crisis de la misma, han situado al país en un nivel de deuda pública (ilegítima) doble del que teníamos, deuda que hipoteca la independencia y seguridad de las futuras generaciones. Lo mismo ha sucedido con lo ahorrado en el Fondo de Reserva de la Seguridad Social que acabarán vaciando en un año. Lo que pone en grave riesgo las pensiones presentes y, no digamos, las futuras.

Cómplices también en la idea de que bajar impuestos es lo mejor para el crecimiento, ocultan que es lo peor para desigualdad. Ni unos ni otros han sido capaces de acercarnos a un nivel de recaudación europeo, forzando así el deterioro de los servicios públicos básicos (sanitarios, educativos, protección social, dependencia) en beneficio de los que no sostienen el sistema y reclaman que se privatice.

Por ambas vías nos colocan a los españoles actuales (y a las generaciones futuras) en subordinados de nuestros acreedores. Somos ya hoy deudores permanentes que no pueden disponer libremente de la riqueza nacional para financiar su bienestar. Como escribieron, con vertiginosa complicidad, en la Constitución.

Hoy amplios sectores sociales (cuanto más jóvenes peor) tienen por eso miedo al futuro: como pensionistas, como enfermos, como excluidos. Porque también fueron cómplices de una desregulación salvaje del mercado laboral que ha precarizado (haciéndolo temporal, a tiempo parcial, sin horarios, sin dar de alta, sin salario mínimo) y subordinado a los trabajadores como nunca antes habíamos visto. Por ejemplo, como parados en masa.

No discuto que toda esta continuidad podría estar legitimada democráticamente (y aun así sería de sobra oportuno y no menos legítimo denunciarla en la calle), pero sucede que no lo está. Porque descansa sobre el retorcimiento descarado de lo votado por más de cinco millones de electores socialistas.

Pues lo aprobado por el último Comité Federal del PSOE (que silencia en sus seis objetivos fundamentales todo lo relativo a las cuentas públicas) con la abstención de parte de sus diputados para que gobierne Rajoy, suponen adosar millones de votos a los deseos del Ibex y de la troika. Alimentando así una aún mayor inseguridad social.

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