¿Qué parte de la abstención no entendió el PSOE?

OPINIÓN

29 oct 2016 . Actualizado a las 09:57 h.

Que hayamos tardado diez meses en formar Gobierno, y que al final de este inmenso disparate nos queden tiempo y ganas para hacer una votación falsaria e infantil antes de abordar la verdadera investidura, nos da una idea de hasta qué punto se ha banalizado la política, y hasta qué niveles se han degradado unas élites que, incluso en este singular momento, cuando la necesidad vence a la estupidez, aún les quedan arrestos para bailes y representaciones, más propias de este Halloween hortera, que desplazó a Don Juan Tenorio, que de un Parlamento europeo.

Que hoy tengamos que repetir una votación cuyo resultado fue anunciado el jueves, es una payasada. Y una payasada es una escena inútil que se interpone entre el beso apasionado y el fin de la película. Ya sé que el PSOE lo hace para aligerar las náuseas que le produce tragarse ese enorme sapo que han criado y engordado durante un año de irresponsabilidad colectiva. Pero me extraña mucho que personas tan trabajadas como Fernández, Susana Díaz, González o Borrell no le hayan advertido al Comité Federal que cuanto más duro y repugnante es el trago menos tiene que durar. Tragarse un sapo por tiempos es una estrategia absurda, porque solo sirve para producir más arcadas y para hacer evidente la falta de dirección que afecta a un partido que, en 137 años de existencia, ya debió pasar por todo tipo de glorias y desastres.

Lo malo es que esta triste maniobra deja al PSOE sin una pauta noble y objetiva que le permita encarar con bien el resto de la legislatura. Y, lejos de prometernos una regeneración democrática pactada con el PP a partes iguales, prefirió que Hernando amenazase a Rajoy con la anemia de gobernación que todos vamos a pagar, y que hiciese un coro desafinado con el conjunto de populistas e independentistas que, a base de ocurrencias, deslealtades y barullo, pretenden hacer fracasar el único contexto político -el del orden constitucional y la seriedad política- en el que el PSOE podría reponerse como alternativa.

Aunque el PSOE cree lo contrario, su acierto es abstenerse. Y demostrar que esa abstención es forzada y acomplejada, y que no tienen propósito de la enmienda, no les reconcilia con ninguna parroquia, ni le es útil a España, ni les libra del sapo peludo que han fabricado. En vez de poner tierra de por medio con los populistas de Podemos y con los independentistas, el discurso de Hernando hizo coquetear al PSOE con un Parlamento bronco e inestable que va a dificultar enormemente el pretendido regreso su natural condición de alternativa.

En las circunstancias que corren es evidente -como todos le espetaron- que abstenerse es investir a Rajoy. Y todo lo que han hecho y sigan haciendo para negar lo obvio y huir de ese calvario, es como patalear en arenas movedizas: la forma más rápida y eficaz de hundirse para siempre.