El inexplicable suicidio de ballenas y partidos


Los científicos no acaban de determinar de forma concluyente por qué se suicidan las ballenas. Los historiadores del futuro tendrán dificultades similares para explicar por qué se suicidó el partido que más años había gobernado durante la democracia. La mitología griega sostiene que los cetáceos son expulsados del mar por el dios Neptuno y el mito español en boga sugiere que el PSOE muere estrangulado por Rajoy, pero entonces, de ser así, no se trataría de suicidios. Más convincente me parece, en ambos casos, la teoría de la desorientación: ballenas y partidos son especies gregarias que extravían su ruta y su instinto de supervivencia cuando a sus líderes se les cruzan los cables. Y acaban varados y agonizantes en la playa.

Ya sé que hay miles de afiliados y quizás algunos millones de votantes, inasequibles al desaliento, empeñados en devolver el cetáceo a las aguas. Esfuerzo estéril. El PSOE, abierto en canal por las cuchilladas internas, se ha rendido sin condiciones, a cambio de nada, y ahora es rehén de Mariano Rajoy. Seguirá boqueando mientras el flamante presidente decida mantenerle la respiración asistida. Hasta que este, por hache o por be -porque España lo exige o porque se le hinchan las narices-, decida retirarle el oxígeno. Y entonces paz y después gloria.

Lo más singular del caso estriba en la manera adoptada por el PSOE para suicidarse. Se metió en un callejón sin salida con una triple renuncia: ni acuerdo con el PP, ni coalición de izquierdas, ni posibilidad de ejercer la oposición. Cualquiera de las opciones presentaba serias contraindicaciones, pero la suma de las tres era un cóctel letal. Si no estás en el Gobierno ni en la oposición, estás en el limbo. Un lugar, conviene recordarlo, adónde van quienes mueren antes de tener uso de razón.

Que Antonio Hernando, el portavoz del no y del y de lo que haga falta, anuncie una oposición dura al nuevo Gobierno del PP suscita ternura y compasión a partes iguales. Que va de farol resulta obvio: los rehenes no imponen condiciones, se limitan a suplicar por sus vidas. El PSOE, cautivo y desarmado desde que Susana Díaz y sus mesnadas asaltaron Ferraz, hará exactamente la oposición que le permita Mariano Rajoy. Ni un gramo más. El presidente ya ha señalado los límites de su tolerancia: se pueden negociar todos los asuntos, pero no revisar ni destruir lo construido, ni dar marcha atrás en las reformas habidas, ni cuestionar las políticas que tantos éxitos están cosechando. Podemos pactarlo todo siempre que nada cambie. Esto es lo que hay: o adhesión al régimen, y a cambio les concedo algún tiempo para que busquen nuevo líder y se desinflen los sanchistas, o convoco nuevas elecciones y a morir a la miñoca.

Porque así lo veo, contestaré a la gallega la pregunta planteada en la web de La Voz de Galicia: «¿Crees que el nuevo Gobierno durará cuatro años?». Depende. Si el PSOE no molesta demasiado y se muestra obediente, habrá legislatura larga. Si se desmanda, expirará antes (la legislatura y el PSOE).

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