Sin novedad en la Moncloa


El título del artículo está inspirado en el cine bélico, en el que esta historia es imprescindible. En la Cota 327, donde había un viejo castillo, con sus torres y su iglesia, con áreas palaciegas, y con bodegas y mazmorras, quedó sitiada a finales de octubre una guarnición de la que formaban parte, al mando de un coronel, 3 oficiales, 8 suboficiales, 10 cabos, 194 soldados, 2 médicos, 1 sacerdote, 3 enfermeras y una marquesa -alta, rubia y con ojos azules-, que había subido a almorzar con un capitán de caballería antes de que el enemigo bloquease la posición. En marzo siguiente, cuando llegan los libertadores, no quedaba piedra sobre piedra. Las laderas estaban renegridas y desarboladas por la artillería, y tras los últimos sacos terreros solo quedaban el cura, una enfermera, nueve soldados mutilados, la marquesa y el capitán, al que le faltan el ojo derecho y la pierna izquierda. Los soldados, que no se tienen de pie, presentan armas, mientras el cura absuelve con devoción al último despanzurrado. La marquesa -intacta y bien peinada- aprieta contra su pecho el único retal que queda de la bandera. Y el capitán de caballería se adelanta, apoyado en una rama, y puesto en primer tiempo de saludo, dice: «A la orden de vuecencia, mi general; sin novedad en la Cota 327».

Eso hubiese dicho yo, ayer, si fuese el portavoz de la Moncloa. Porque lo que quiso decir el único oficial superviviente no es «Aquí no ha pasado nada», cosa que sería mentira, sino que «En la Cota 327 no ha pasado nada que no sea propio del caso. Nadie murió sin causa, ni nadie fue héroe más allá de su deber. Y nada se ha perdido que no pueda repararse. Porque la historia verdadera empieza cuando yo le entregue el mando a vuecencia y me case con la marquesa». Y esa es la pura verdad.

En términos cualitativos, las orientaciones, las posibilidades y la legitimidad de este Gobierno las pone, en un 96 %, el liderazgo superviviente, reforzado e impasible de Rajoy. Un 3 % más lo ponen -Soraya, Catalá, De Guindos, Montoro, Méndez de Vigo, Báñez, y Tejerina- los que representan la continuidad de una defensa heroica contra las hordas de la crisis. Y el 1 % que falta lo significan los nuevos -Dastis, Zoido, Montserrat y De la Serna- que, lejos de evidenciar un cambio, son las piezas renovadas que sustituyen a las gastadas, y que, más brillantes -por nuevas-, y con mejores aleaciones, están pensadas para que el motor siga girando. Dolores de Cospedal -¡de la que no me había olvidado!- es la marquesa con la bandera. Y por eso va a Defensa, a cuidar con mimo especial del oficial herido.

Si yo fuese periodista sacaría de esta narración siete mil claves fundamentales para entender la nueva época. Pero siendo politólogo, que en cuestiones de Estado equivale a ser militar de carrera, repito lo dicho: sin novedad en la Moncloa.

Sin novedad en la Moncloa