Otra vez. Otra vez España dividida. La que cree que ha habido cobra. La que cree que no. La llaga se abría más y más. ¿Rechazó Bisbal un beso de Chenoa? ¿Hubo cobra? ¿No la hubo? El concierto de reencuentro de los participantes en aquella primera edición de Operación Triunfo ha resultado, en realidad, una metáfora de este país. El país de la cobra. Mariano Rajoy le ha hecho esta semana la cobra -una vez más- a los medios de comunicación. La composición del gobierno la anunció a través de un comunicado de prensa. La cobra también se ha la hecho Pedro Sánchez a su partido. Decidió renunciar a su escaño para no tener que cumplir con la disciplina de voto y abstenerse en la investidura. La misma cobra que le hicieron los 17 miembros de la ejecutiva que dimitieron para forzar su salida como secretario general del partido. La cobra que le hizo Susana Díaz, una y otra vez, sin piedad, desde que ganó las primarias del partido. Podemos intentó hacerle la cobra a En Marea en las elecciones autonómicas. Y En Marea intentó también hacerle la cobra a Podemos. Pablo Iglesias le hizo la cobra a Pedro Sánchez. Y luego se arrepintió. Y Pedro Sánchez le apartó la cara a Pablo Iglesias. Y también se arrepintió.
A cobra suenan también las explicaciones de Ramón Espinar y la plusvalía de 20.000 euros por vender una vivienda de precio tasado que nunca habitó. Esto es España. La cobra. Sobre todo, el culebrón.