La nueva impunidad


De toda la verborrea política española de los últimos días, la que me suscitó una mayor curiosidad ha sido una declaración de Ramón Espinar: «No abandono», dijo, «porque ese es el objetivo de los poderosos». Les diré que Ramón Espinar es el candidato a la secretaría general de Podemos en Madrid, cuyas elecciones se celebran hasta las 12 de la noche de hoy. Ha sido noticia porque hace unos años tuvo acceso a una vivienda social -El pisito, escribió aquí magistralmente Luís Pousa- que vendió cuando subió su precio y obtuvo un beneficio bruto de unos 30.000 euros. Como parece una operación especulativa, aunque no delictiva en absoluto, al señor Espinar le tocó pagar el tributo que en su día pagó Juan Carlos Monedero por una actuación fiscal. Y, como es natural, hubo voces que se lanzaron a pedir su dimisión. Pero él no quiso dimitir porque «ese es el objetivo de los poderosos».

Seguro que les suena esta explicación. Y antes de seguir: yo creo que la polémica estuvo equivocada. Creo que la cuestión no es que haya vendido el piso ni cómo lo ha vendido. Es una operación legal y punto. Fue un aprovechamiento de una ventaja que en cualquier otro ciudadano no sería ni comentada, pero en un dirigente de Podemos tiene morbo especial. Quizá sería más interesante indagar cómo un señor que no tiene más relación con el municipio de Alcobendas que la de su padre con el alcalde de esa localidad tuvo la información de esa promoción de vivienda social y cómo se accedía a ella fuera de concurso.

Pero, como digo, lo sugestivo es la explicación para negarse a dimitir o, en un sentido más amplio, para negarse a admitir ningún tipo de responsabilidad, con palabras cada vez más frecuentes en la izquierda: eso sería hacer el caldo gordo a los poderosos. Es la nueva impunidad, que se extiende desde Cataluña a la izquierda y seguro que tiene aplaudidores: ¿cómo un nacionalista catalán puede aceptar la legalidad de un Estado que se trata de imponer y antepone la ley a la democracia? ¿Cómo un dirigente de Podemos, y además del sector Iglesias, que se propone imponer el miedo a las clases dominantes, puede abandonar porque lo pida un supuesto poderoso? Ellos son la casta, ¿recordáis?, la casta que nos tiene como enemigos, lanza infundios contra nosotros, organiza campañas y está en todas las conspiraciones. Nosotros, en cambio, somos la ética, la bondad, el amor, el servicio, la limpieza en los comportamientos públicos y privados. La nueva política. La nueva impunidad. La dimisión es una cuestión de clase social.

Lo mismo les funciona. De momento, Espinar no dimitió. Y si hoy no lo votan los simpatizantes, no será por su falta de atractivo político. Será por la conjura de los poderosos.

La nueva impunidad