Clinton y el embrión de Daesh


Una de mis amigas de Facebook, a quien no conozco personalmente, es particularmente activa en las redes sociales. Suele utilizarlas para denunciar injusticias o sumarse a causas que merecen la pena. Durante los últimos días, no obstante, se ha sumado a una ola de opinión dentro de la izquierda que sostiene que la victoria de Hillary Clinton en las elecciones estadounidenses hubiera sido mucho peor que la de Donald Trump.

Hasta ahí, nada fuera de lo normal, aunque resulte difícil catalogar como «normal» que un ser humano sensible y con capacidad de análisis sostenga que Trump será mejor presidente que Clinton. Pero no vamos a meternos en ese asunto. El caso es que, después de las elecciones, quiso apuntalar su opinión con un documento gráfico. Se trataba de una foto tomada a Hillary Clinton durante su visita a Libia en octubre de 2011. En la imagen se la ve charlando de forma desenfadada con un grupo de personas de la región que visten uniformes militares.

 Según publicó mi amiga digital, en la fotografía se podía ver a la entonces secretaria de Estado Clinton reuniéndose con «el embrión de Daesh en Libia». Al ver la foto y el comentario que la acompañaba me quedé perplejo. ¿Cómo era posible que los medios de comunicación, o incluso Donald Trump, no hubiesen sacado partido a esa imagen? Si efectivamente Clinton se había reunido con peligrosos yihadistas, ¿cómo es que la información me llegaba a través de Facebook y sin citar las fuentes?

 Quise investigar un poco el asunto. Bastó una búsqueda en Google para encontrar otras imágenes pertenecientes a la misma sesión de fotos. En ellas se podía ver claramente que los uniformados que acompañaban a Clinton llevaban acreditaciones con la bandera del Ejército de Liberación Nacional Libio, una organización creada por desertores del ejército de Gadafi. Es decir, nada que ver con el Estado Islámico. Más aún, los herederos de aquella organización militar, hoy desaparecida, han combatido a Daesh en Libia.

 La cosa no acaba ahí. La foto fue tomada en octubre de 2011, apenas unos días antes del linchamiento de Gadafi. Pero es que el Estado Islámico en Libia no se creará hasta noviembre de 2014, más de tres años después. Por si fuera poco, la provincia Libia de Daesh surge a partir de una orden directa de Abu Bakr al Baghdadi, el autoproclamado califa Ibrahim. En ella pide a los yihadistas libios que entonces estaban luchando en Irak y Siria bajo la bandera negra de Daesh, que vuelvan a su país de origen para hacer allí la yihad y crear el Estado Islámico en Libia aprovechándose del caos y del vacío de poder que había por aquel entonces en esa zona del Magreb.

 Es decir, ni Clinton se había reunido con el embrión del Estado Islámico en Libia ni nada que se le parezca. Y no deja de resultar curioso que para formular una crítica a Hillary haya que recurrir a mentiras o manipulaciones, cuando la realidad nos ha proporcionado suficientes elementos de peso para desacreditar a Clinton sin necesidad de recurrir a ese tipo de argucias.

 Mi amiga digital se equivocó, no contrastó sus fuentes y utilizó una información manipulada para darle mayor peso a su crítica a Clinton y a la teoría, tan absurda como desatinada, de que la exsecretaria de Estado sería peor en la presidencia que el propio Trump. No sé si lo hizo de forma consciente o si fue sencillamente un error. Reconozco que a todos nos la pueden colar en algún momento con informaciones falsas. Yo mismo me tragué hace unas semanas, de la forma más ingenua, la noticia inverosímil de que Bob Dylan iba a donar el dinero del Nobel a la causa palestina. En cuanto me di cuenta de que la información era un fake, borré inmediatamente la entrada de Facebook en la que la compartía, para no darle más alas a una noticia falsa.

Mi contacto de Facebook, por el contrario, no borró la información y ni siquiera advirtió a sus seguidores de que tal vez no estaba contrastada, a pesar de que le advertí del error que había cometido. De manera que la foto que supuestamente demostraría algo tan absurdo como que Hillary Clinton tuvo algo que ver con el nacimiento de Daesh en Libia (una teoría que coincide sospechosamente con la tesis de Trump de que «Obama creo Daesh»), siguió circulando por la red, siendo vista por centenares de usuarios y compartida por otros muchos, multiplicando de ese modo el bulo. Cientos de ciudadanos, quién sabe si miles, estarán ahora convencidos de que Clinton se reunió en su día con los peligrosos yihadistas que crearon el Estado Islámico en Libia.

 La moraleja de este asunto es evidente. Muchas veces nos escandalizamos, no sin razón, cuando los políticos o los medios de comunicación mienten. Pero nosotros mismos lo hacemos cuando nos viene bien para defender un argumento o una determinada posición política. Es la idea del bien supremo: ¿Qué más da una pequeña mentirijilla cuando se trata de lograr un objetivo noble? Cuando estamos delante de una pantalla de ordenador nos olvidamos de que tenemos una responsabilidad sobre aquello que decimos y sobre las informaciones que difundimos. Tanta al menos como aquella que le exigimos a políticos y medios de comunicación. El rigor y la honestidad intelectual deberían servir de guía para todos los que tenemos acceso a una audiencia, ya sea más grande o más pequeña, y no sólo para los políticos o los medios de comunicación.

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