Los cuatro clásicos populares del futuro presidente Tump


redacción / la voz

La gente volvió a votar mal. El populacho se equivoca. En Estados Unidos son unos fachas. Muchos intentaron digerir con estos diagnósticos de bar el más o menos sorprendente resultado de las presidenciales. La incontestable victoria de Donald Trump provocó un terremoto político, el segundo del año tras el que causó el brexit, y añadió una gran fuente de inestabilidad al escenario internacional. Si el magnate que se disfrazó de antisistema cumple sus promesas radicales, escandalosas e irreales, nos esperan cuatro años de caos. Si no lo hace, y gobierna de una manera mucho más prudente y responsable de lo que su campaña y su talante auguran, tendrá problemas en casa.

Trump ha llegado al poder contra pronóstico y contra el sistema. Es el adalid de lo políticamente incorrecto. Y en su historial figuran más escándalos que muescas en las pistolas de Billy el Niño. No lo querían ni en su partido. Pero sedujo a la mitad del electorado con una playlist llena de versiones de clásicos populares: nacionalismo, proteccionismo y aislacionismo. Redondeó su oferta con el mítico cualquier tiempo pasado fue mejor. Y triunfó. Al llegar la jornada electoral un ciudadano cualquiera de Wisconsin o Iowa pensó. ¿y si opto por Trump? Y entonces no concibió motivos para no votarle. Y por lo tanto le votó.

Pondrá los pies encima de la mesa del despacho oval al menos durante cuatro años. Y condicionará la política del hemisferio Occidental durante mucho tiempo.

Los mensajes vertidos en las redes por líderes ultras como Le Pen o Farage para felicitar a Trump invitan a hacer una reflexionar. Sobre todo si consideramos esta victoria como el segundo gran episodio de una serie de la que el brexit fue el piloto y cuyo tercer capítulo pueden ser las presidenciales francesas. ¿Está en crisis el sistema surgido de la Segunda Guerra Mundial? Sería insensato negarlo. Y aún más no reconocer que gran parte de la población que fue su sostén se siente fuera de él y no se fía de las fórmulas tradicionales, sino de alternativas que prometan soluciones mágicas y/o radicales a los problemas y a la falta de horizontes causados por la globalización y la desregularización del sector financiero.

A la hora de mirar al futuro conviene hacer memoria sobre lo que pasó en las primarias estadounidenses. Entre un candidato tradicional y otro alternativo, las bases republicanas escogieron al segundo. Arriesgaron buscando la ruptura. Y ganaron. Los demócratas hicieron lo contrario. Apostaron por alguien tan fiable y capaz como previsible. Y perdieron.

Los cuatro clásicos populares del futuro presidente Tump