Queda inaugurado este caos


Era la duodécima apertura de legislatura y, sin embargo, todo parecía nuevo. Era nuevo el rey y la familia que le acompañaba. Era nuevo el mando militar. Y la presidenta del Congreso. Y el jefe de la oposición, suponiendo que lo hubiera. Y los grupos parlamentarios y sus jefes. Y la bandera republicana que nadie retiró. Y los pines de Izquierda Unida. Y la camiseta que ponía «Yo no voté a ningún rey» sobre el pecho de Cañamero. Solo era el de siempre -no voy a decir «viejo»- un señor de barba blanca y pelo negro que responde al nombre de Mariano y que siempre estuvo allí.

Había un levísimo asomo republicano en el ánimo de algunos nuevos, los de Unidos Podemos, que manejan la escenografía y supieron hacer visibles sus gestos para que pudiéramos adivinar sus pensamientos. De hecho, Pablo Iglesias se cabreó muchísimo porque senadores del PP, esos okupas, habían okupado sus escaños e impedían que las cámaras captaran en bloque sus enardecidos desaplausos. Pablo Iglesias protestó como si le hubieran quitado la honra.

Y habló la presidenta Pastor: correcta, centrada e institucional, como es ella. Y habló el rey. Cada vez que debo comentar un discurso de la Corona hago un ejercicio mental: si yo hubiera tenido que escribirlo, ¿diría algo que él no ha dicho? Como la respuesta es negativa, lo encontré satisfactorio. Dijo lo que tenía que decir y lo dijo bien. No me quedo corto: hizo un discurso redondo para la ocasión. ¿Había algún inconveniente serio para negarle el aplauso como se lo negaron los de Podemos? Honradamente, creo que no. Quienes tenían motivo para no gastar sus manos eran los independentistas, porque Felipe VI habló como lo que es: símbolo de la unidad y permanencia del Estado.

Ay, amigos; pero Pablo Iglesias echa al rey la culpa de la reforma del artículo 135. Y le hace culpable del incumplimiento de derechos constitucionales. Y percibió que hablaba como si solo hubiese dos partidos, quizá porque el rey no tuvo el detalle de citar a Podemos, pecado imperdonable. Y criticó que el rey bendijese el pacto que hizo posible el Gobierno, cuando Su Majestad tendría que estar hundido por ese acuerdo de la casta. Y el rey no habló de la plurinacionalidad de España, cuando está en la Constitución mental de Podemos. Y no faltó la gota populista: ese rey viene de que su padre fue rey, mientras que Pablo fue elegido por el pueblo; por tanto, Pablo tiene más legitimidad. Todo esto no lo inventa este cronista. Lo dijeron Iglesias y Errejón a la salida: un brillante, objetivo y serio colofón a la jornada. A la vista de esto y lo ocurrido los dos días anteriores en el Congreso, Felipe VI no debió declarar abierta la Legislatura. Debió declarar inaugurado el caos.

Queda inaugurado este caos