No hay vivo bueno ni muerto malo


La vida es compleja. Hay una suma de factores y circunstancias que nos hacen actuar y pensar de una manera u otra. De fábrica, ya cuando adquirimos la conciencia, traemos instalado un comportamiento que nos obliga a apenarnos de cualquier persona que fallece, especialmente cuando hay un vínculo de unión (motivos laborales, sentimentales…). El problema está en cómo se actúa cuando ese personaje que ha fallecido ha sido en vida alguien expuesto a toda clase de ofensas, críticas y reproches a su figura y a su trayectoria.

La muerte de Rita Barberá es el último ejemplo de cómo se miden las cosas en función de si se está vivo o muerto. En primer lugar, llama la atención el debate que se ha originado con el minuto de silencio. ¿Es una señal de respeto, es un homenaje a su trayectoria o es un ritual que tenemos programado también por el que moralmente nos vemos obligados a hacerlo sea quien sea la persona fallecida? Parece que salvo Unidos Podemos todo el mundo ha visto que se trata de una cuestión de respeto a una persona que ha gobernado la tercera ciudad más grande de este país y que actualmente ocupaba un escaño en el Senado. Esto lo ha dicho hasta Compromis, que creo que no es sospechoso de haber apoyado nunca a Rita Barberá. Sus diputados y senadores participaron en ese minuto de silencio y el Alcalde de Valencia no dudó en convocar un pleno extraordinario para decretar tres días de luto oficial en el municipio. Incluso Mónica Oltra, vicepresidenta del Gobierno valenciano y gran azote al PP regional, mostró su solidaridad con sus amigos y familiares.

Sinceramente veo mucho más noticiable la posición del PP por su hipocresía en este asunto. Muchos salieron públicamente a celebrar que el partido la echara, pero el miércoles no fueron pocos dirigentes los que salieron a lamentar su pérdida como si continuara en las filas populares. En vida es cuando hay que demostrarle a la gente lo que vale, no cuando ya ha fallecido, que no hay vuelta atrás.

Me asombro de algunos comentarios que culpan de la muerte de Rita Barberá a la presión de determinados políticos y de medios de comunicación. Esta mujer fue la máxima dirigente de su partido en la ciudad de Valencia y la Justicia está investigando una serie de casos que supuestamente la salpicaban directa o indirectamente. Los periodistas tienen su derecho a informar y a mostrar las críticas que consideren oportunas. Que esta mujer estuviera en el Senado, protegida por Rajoy y su aforamiento, era una vergüenza con mayúsculas, y los medios de comunicación hacían muy bien en darle cancha a esta situación día sí y día también. Otra consideración distinta me merece la actitud del PP con ella, que fue la de dejarla sola (al menos públicamente) e incluso asegurar que como ya no era dirigente del partido su permanencia en el Senado no era asunto suyo.

Está claro que no hay muerto malo, o yo al menos no tengo noticia de ningún caso. Lo que no me explico es la razón por la que realmente ocurre esta situación.

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