Trump, ¿síntoma o enfermedad?

OPINIÓN

26 nov 2016 . Actualizado a las 05:00 h.

Tras las elecciones presidenciales en EEUU viene circulando entre algunos sectores de la izquierda un discurso sorprendente. La tesis central es que la victoria de Trump es un síntoma de la crisis económica, de la globalización y de todos aquellos fenómenos asociados al capitalismo tardío que han provocado la ira de buena parte de los ciudadanos norteamericanos, desafectos con el sistema en el que les ha tocado vivir. Por tanto, no deberíamos, dicen, escandalizarnos por la victoria del magnate americano pues no es ese el problema principal sino tan sólo uno más de sus síntomas. Una reflexión que encaja como un guante con otra que mantuvo esa izquierda antes de las elecciones según la cual Hillary Clinton sería mucho peor en la Casa Blanca que el propio Trump.

Pero por mucho que la Gauche Divine 2.0, versión europea, insista, lo cierto es que la victoria de Trump no es sólo un síntoma. Es una enfermedad en sí misma y de una gravedad extrema. Sus consecuencias son desconocidas por ahora, pero nada bueno podemos augurar si atendemos a los nombramientos que ya ha anunciado Trump. La tesis de que el magnate no va a poder hacer aquello que prometió en campaña porque el sistema y los poderes fácticos se lo van a impedir queda desmentida no sólo al conocer los nombres de los personajes que van a situarse en los alrededores del despacho oval sino también por una historia que está repleta de líderes políticos que, una vez en el poder, cometieron auténticos desmanes sin que nada ni nadie los pudiese parar.

Pero la victoria de Trump no es sólo catastrófica por las políticas que puede poner en práctica sino también porque constata la existencia de más de sesenta millones de estadounidenses que han dado su apoyo a un discurso abiertamente xenófobo. Hay quien dice que no deberíamos caricaturizar a los electores de Trump como si se tratasen de rednecks; paletos de la américa profunda al más puro estilo de Cletus, el personaje de Los Simpsons. Y es cierto. No existen sesenta millones de Cletus en EEUU, aunque si hay cinco millones de afiliados a la Asociación Nacional del Rifle, varios cientos de miles que participan en el movimiento de milicias y un puñado de millares que son miembros del Ku Klux Klan o de organizaciones similares. Nada tranquilizador, vaya.