Un SI por el cambio en el PSOE


Se ha iniciado un camino irreversible en el PSOE, el deterioro al que ha estado sometido durante los últimos años entra en su fase final al no encontrar solución quienes actualmente lo rigen, llegando a adoptar decisiones propias de la desesperación, que solo se explican por temor a la pérdida del poder, incompatible con una organización política socialista y democrática.

Quienes han causado el problema, reiterando errores, saben que ellos mismos se han inhabilitado para ser parte de la solución; no han sabido afrontar las situaciones con acierto y 137 años de una organización en la historia de nuestro país, no tolera más castigo, lo afirma de forma unánime la militancia y la sociedad reitera que su ciclo ha finalizado.

Los diagnósticos con concluyentes y cabe exigir responsabilidades a todos aquellos que fueron elegidos, delegando en ellos el poder para que hicieran de nuestro partido una herramienta eficaz y han fracasado, haciendo que el PSOE pasara de ser la fuerza impulsora que lideraba el cambio en la sociedad, capaz de ilusionar y concitar el apoyo mayoritario de los electores, a solo un reflejo desnaturalizado que se ampara en la situación económica para proponer o desarrollar políticas moderadas que buscan hacen soportable la pobreza y la desigualdad social.

Los datos son inapelables, si hace veinte años en las elecciones generales nos habían votado 9.425.678 españoles, este mismo año apenas lo han hecho 5.443.846, prácticamente cuatro millones de españoles han dejado de confiar en nosotros. Los resultados en nuestra comunidad autónoma son desoladores, la mitad de asturianos que nos votaban en 1999, han dejado de hacerlo en 2015.

Esta situación no tiene réplica, son datos objetivos, el termómetro que nos indica la gravedad de la situación, más allá de la retórica oficial que deriva responsabilidades hacia terceros, pues han sido varios y sucesivos los candidatos que han fracasado, y todos sabemos que las organizaciones políticas emergentes, si bien algunos piensan que han agravado «el problema», en ningún caso son el origen de las manidas disculpas.

El PSOE tiene ante sí un enorme reto, cerrar en primer lugar este prolongado ciclo de deterioro, evitando querer morir matando, ni que la necesidad haga de las soluciones urgentes virtud; es decir, no estamos ante una simple crisis de liderazgo, es algo más profundo, el proyecto político debe modificarse en todos sus términos, más aún cuando la diversidad de fuerzas políticas han roto el bipartidismo imperante desde las primeras elecciones democráticas.

Es preciso afrontar una profunda renovación de responsables políticos, las baronías han concluido, hacer de la política profesión no es la solución; urge incorporar la incompatibilidad de cargos orgánicos e institucionales e implantar la limitación de mandatos, un máximo de ocho años es más que suficiente, como ocurre en otras democracias maduras, para desarrollar un proyecto (en el gobierno o la oposición) y evitar servidumbres que pudieran caminar parejas al cargo.

La militancia, los afiliados y simpatizantes de los partidos, están llamados a jugar un papel activo en el desarrollo de la vida política, implicarse en la toma de decisiones, más allá de las apelaciones que se les haga en la campaña electoral; a pesar de que sus detractores pretendan confundirnos, argumentando la democracia participativa como concepto excluyente de la representativa, olvidan que la segunda no existe sin la primera; pues ignorar la participación de las bases contribuye a que los dirigentes centralicen el poder y consoliden un sistema despótico, hereditario, asentado sobre fuertes afinidades familiares.

Un partido que busque representar la realidad, no puede vivir de espaldas a la pluralidad de fuerzas que se apoyan en colectivos similares a aquellos que entiende le resultan propios, el pragmatismo y también la inteligencia sugieren la necesidad de liderar alianzas con las fuerzas ubicadas en la izquierda, promoviendo el diálogo con los movimientos sociales y el apoyo a las organizaciones sindicales de clase.

El modelo de Estado nos diferencia de otras opciones políticas, nosotros apostamos por un estado federal, laico y republicano, comprometido con la memoria histórica que, más pronto que tarde, deberá reconocer de justica los valores republicanos y quienes los defendieron con su vida, contra una dictadura que solo reportó muerte, hambre y miedo en nuestro país, sumiéndonos en un paréntesis de cuarenta años que nos distanció del mundo desarrollado.

Un Estado fuerte, corrector de desigualdades y cauce de la justicia social; redistribuidor, sustentado en una administración coordinada, garante del bienestar, capaz de gestionar con eficiencia y solidaridad los recursos públicos; fortaleciendo y universalizando el acceso a la educación, la cultura, la sanidad, los servicios sociales, la vivienda; garante en el aseguramiento del sistema público de pensiones. Apoyado en una fiscalidad justa y progresiva, en la que contribuyan más los que más tienen.

Que marque el empleo como un objetivo prioritario, a partir de una regulación y dotación de recursos que evite la desregularización y explotación de los trabajadores, favoreciendo empleos dignos, de calidad, seguros y con derechos, en el que el diálogo y la asociación de los trabajadores a las organizaciones sindicales se contemple como eje facilitador de las relaciones laborales.

El Partido Socialista Obrero Español debe recuperar su identidad, sus principios y valores, a partir de la cual se diseñen las políticas que aborde; en un sistema caracterizado por la transparencia, que sancione la corrupción, venga de donde venga, en el que nuestros representantes, dirigentes y cargos públicos, sean muestra de coherencia, rigor y austeridad.

Decía nuestro querido compañero Emilio Barbón: «Fue el socialismo el que se hizo para el hombre, y no a la inversa, ya que la fuerza de la izquierda, como ninguna otra, es una creación social y son los hombres y mujeres que la apoyan quienes encarnan su impulso ético y afán regenerador».

Asturias, los socialistas asturianos, queremos ser un ejemplo de la regeneración política, de la recuperación del socialismo como instrumento al servicio de los trabajadores y las clases sociales más desprotegidas, no cometamos de nuevo el error de delegar tan importante misión en la elección de un líder; precisamos equipos que impulsen el cambio y por supuesto, políticas orientadas a transformar la sociedad para convertirla en una sociedad más libre, igual y solidaria.

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