Revilla, el justiciero populista


Me confieso seguidor de Miguel Ángel Revilla, presidente de Cantabria. Para decirlo con más exactitud: no me queda más remedio que seguir a Miguel Ángel Revilla. Ponga el programa de televisión que ponga, hay un 90 por ciento de posibilidades de que allí este él, hablando desde Santander o desde el plató. Si presenta un libro, porque es un prolífico escritor, hace la ronda televisiva. Si no presenta un libro, los programas le buscan porque siempre tiene algo que decir y siempre está disponible. Y, si lo buscan, es porque Revilla no espanta al público y da buen resultado de audiencia, que es lo que decide la programación y los invitados. Revilla es un showman vestido de presidente populista. Y es un político populista vestido de showman. Con dos prodigios añadidos: parece que siempre ha sido presidente de Cantabria, aunque nunca ganó unas elecciones y habla de todo lo que le planteen, con una suficiencia, una convicción y una autoridad propia de un doctorado universal. Tómese con unas anchoas de Santoña, y tenemos un personaje sensacional.

Lo que ocurre es que, como se deduce de su definición de populista, creo que no tiene muy claro dónde empieza la demagogia y dónde el imperio de la ley. El último lugar donde habló ha sido en la radio, en el programa Partido a partido, que el fútbol tampoco tiene secretos para él. No sé si comentó algún partido del Racing, pero sí comentó las presuntas jugadas fiscales de Cristiano Ronaldo, que le debe parecer como poco un golfo del balompié. Y ahí salió el Revilla auténtico: no solo le cabrea Cristiano, sino que le cabrea Rajoy por blando y por tibio. Rajoy se había puesto de perfil cuando le preguntaron por el presunto fraude del futbolista, no quiso pronunciarse sobre lo que no conoce y pidió que se «moje» la Agencia Tributaria.

¿Y qué replica Revilla? Reprocha a Rajoy que no se moje y revela lo que él haría: dar órdenes al fiscal para que investigue. Es decir, hizo un comentario de barra de bar, pero con demagógico desconocimiento de cómo se funciona en un Estado de seguridad jurídica. Primero: ninguna autoridad, sea de Hacienda o de otro departamento, puede facilitar información de las actuaciones sobre un contribuyente. Por la misma razón, no puede opinar, salvo cuando haya terminado la actuación tributaria. Y segundo: quien remite al ministerio público un caso de supuesto delito fiscal es la Agencia Tributaria. Lo anoto porque este país se está llenando de justicieros en asunto tan sensible como el fútbol. Y a quien defrauda o delinque en ese deporte hay que investigarlo y perseguirlo como a todos los de su nivel de ingresos y posibilidad de evasión. Pero no más que a todos. Y, por supuesto, sin abuso de poder.

Revilla, el justiciero populista