Asturias merece presupuesto


Hay veces, muchas más de las que me gustaría, en las que odio tener razón. Son esas veces en las que crees que algo va a ocurrir inevitablemente, pero dentro de ti guardas una pequeña esperanza de que finalmente te equivoques y algo vaya distinto a como pensaste que iría, y al ver que toda esperanza se trunca te sumes en la tristeza. El pasado mes de septiembre viví una de esas ocasiones en las que tuve el temor de que algo iba a ocurrir, y decidí escribir en este mismo medio un artículo en el que hablaba sobre los presupuestos autonómicos para el año 2017, y donde expresaba mi deseo de que la actitud de Podemos cambiase respecto a la que habían tenido en la negociación presupuestaria anterior, pese a que ese anhelo que expresaba sólo ocultaba mi miedo de que se empeñasen en seguir igual que siempre.

Con el paso de estos escasos meses hemos visto que, tal y como me temía, no erraba en mi sospecha. Vale, reconozco que no había que ser ningún lince para saber que Podemos iba a mantenerse en su posición irreflexiva y destructiva, y que no iban a mover un solo dedo para alcanzar un acuerdo presupuestario que dotase a nuestra región de un instrumento eficaz con el que gestionar el día a día de la comunidad autónoma en el año que está por comenzar. Pero, como decía antes, dentro de mí guardaba una pequeña esperanza, un tímido atisbo de luz que me hacía pensar que Ripa y León entrarían en razón después de año y medio de mezquindades. Craso error; debo aplicarme aquello que Dante escribió en la puerta del Infierno de su Divina Comedia, y abandonar toda esperanza de que Podemos aporte algo positivo a la política asturiana, al menos mientras siga dirigido por quienes ahora ostentan el mando de la formación. Qué decepcionante ha sido ver cómo sistemáticamente han puesto palos en las ruedas para alcanzar el acuerdo: primero, desvinculando el acuerdo en materia fiscal con el acuerdo presupuestario, cuando son dos asuntos íntimamente relacionados; después, negándose a mantener una reunión a tres bandas con el Gobierno y con Izquierda Unida donde se pudiesen abordar con mayor facilidad las exigencias de ambas formaciones; y más tarde, planteando una reforma fiscal que mermaba los ingresos de la comunidad autónoma aún más que la reforma que plantea el PP. Un sinfín de despropósitos que no han hecho más que dejar claro que su disposición para aprobar el presupuesto que estos días exponen los diferentes consejeros y consejeras en la Junta General siempre ha sido nula.

Se ve que a Podemos no le gusta que el presupuesto de la comunidad autónoma dedique casi el 69% de sus 4.226 millones de euros totales a la inversión en políticas sociales; se ve que no le gusta que se dediquen 4,6 millones de euros diarios a sanidad, ni 2,14 millones de euros diarios a educación, ni 1,1 millones de euros diarios a servicios sociales. Se ve que a Daniel Ripa y a Emilio León no les gusta que por primera vez exista una partida presupuestaria específica destinada a Memoria Histórica, ni que se destinen más de 4,5 millones de euros a Cooperación al Desarrollo (incluyendo importantes cantidades en la ayuda a los refugiados y en el apoyo a la población saharaui). Se ve que tampoco les gusta que se incremente la dotación presupuestaria para las asociaciones de mujeres, que se dediquen más de 400.000 euros a las políticas de regeneración democrática, ni que se dediquen casi 200 millones de euros al desarrollo rural de nuestra región. Se ve que nada de esto -ni muchas otras cosas que no puedo mencionar para no aburrir aún más al lector- les gusta ni les agrada, porque no han movido un dedo para poder materializar estas cifras y hacer que sean una realidad para el año 2017.

Por suerte, el Gobierno es tenaz y no se rinde en su empeño de aprobar estas cuentas que Asturias se merece, porque en mi opinión son muy positivas. Nos merecemos políticas reales que ayuden a la ciudadanía, que impulsen nuestro crecimiento económico, y que apuesten por construir una Asturias más igual, más solidaria y más fraterna, y por no dejar a nadie atrás, viva en el punto de la región en el que viva. Y para eso se necesitan los números, los recursos que facilita un presupuesto como el que se está tramitando. En eso están trabajando Javier Fernández y su gobierno, en los números, aunque algunos y algunas prefieran continuar instalados en los numeritos.

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