El boicot ultra a «Star Wars»


Ayer se estrenó la nueva película de Star Wars. Un spin-off llamado Rogue One que cuenta la historia de los espías que robaron los planos de la Estrella de la Muerte que voló en pedazos Luke Skywalker al final de La guerra de las galaxias. La crítica especializada y los fanáticos que habían marcado la premiere con letras rojas en el calendario discuten sobre su calidad como película y debaten acerca del efecto Disney en el universo galáctico ideado por el retirado George Lucas. Y de la polémica se encargan, una vez más, voces destacadas de la mal llamada derecha alternativa estadounidense, los ultras de toda la vida.

Esta buena gente, tan tolerante, ha puesto el grito en el cielo en las redes porque el filme tiene como protagonista a un personaje femenino. Y se lamentan de que también ocurriera lo mismo con el episodio VII de la rentable franquicia, El despertar de la fuerza. Su enfado esta vez es mayor, hasta el punto de solicitar un boicot. Los buenos, los rebeldes que tratan de frustrar los planos del malvado imperio, están encarnados por actores de diferente nacionalidad y color de piel. Y el villano es de raza caucásica y va vestido de blanco. Eso nuestros amigos supremacistas lo ven como una amenaza multicultural contra América. Y han provocado una perturbación en la fuerza.

El boicot ultra a «Star Wars»