Fernández y el PSOE


El asturiano Javier Fernández, actual presidente de la comisión gestora del PSOE, tiene una forma cordial y prudente de afrontar las discrepancias que favorece su capacidad de integración y amplía su eficacia. Es algo que se hizo patente desde el mismo momento en que se desplazó a Madrid para tomar las bridas del partido tras los sucesivos desastres electorales cosechados por el desorientado Pedro Sánchez.

Javier Fernández, que en el 2004 fue reelegido al frente del socialismo asturiano con el 92 % de los votos, siempre ha abogado por un partido «más libre, participativo y transparente», en el que «quepan pensamientos distintos y talantes diferentes, con un objetivo único: que podamos englobar toda nuestra diversidad ideológica y sociológica en un proyecto común». Es lo que ha conseguido en Asturias y lo que quiere lograr en el PSOE de toda España. No todos le van a aplaudir con un entusiasmo ilimitado, pero se contenta con recuperar para el partido la buena senda trazada en los años de democracia.

¿Lo conseguirá? No es fácil, pero, si alguien puede lograrlo, es él, o un líder como él, prudente, experimentado, conciliador y no poseído por ambiciones abismales al estilo de Pedro Sánchez. Lo que Fernández quiere hacer es una transición que devuelva el PSOE a la sociedad como respuesta acertada para afrontar sus problemas.

Pero el propósito de Fernández encontrará dificultades si quienes deben de tomar el relevo (Susana Díaz, Eduardo Madina y un largo etcétera) no dejan de remolonear y lanzar mensajes equívocos o confusos, mientras el fracasado Sánchez sigue enredando sin parar. Porque es en este punto en el que estamos ahora. El PSOE tiene tiempo por delante para reordenarse y recuperarse, pero, para lograrlo, ha de moverse y lanzarle mensajes claros a una sociedad recelosa y desconfiada, que necesita estímulos y ofertas ilusionantes. El PSOE sigue siendo ese partido imprescindible para dotar a la sociedad de unos equilibrios política y socialmente indispensables. No ser consciente de ello, es no haber entendido nada del pasado ni del presente. Si el PSOE no cumple o falla, otras siglas ocuparán su lugar, aunque sea de un modo desordenado e insatisfactorio. Es lo que hay.

Fernández y el PSOE