La corrupción es así

Pedro Armas
Pedro Armas LÍNEA ABIERTA

OPINIÓN

22 dic 2016 . Actualizado a las 08:34 h.

El fútbol es así, la corrupción es así. De corrupción, como de fútbol, sabe todo el mundo, porque la corrupción, como el fútbol, ha alcanzado una dimensión popular. Había una corrupción histórica, pero ha crecido exponencialmente en los últimos años. Son miles los imputados y cientos los condenados (presidentes autonómicos, ministros, diputados, alcaldes, tesoreros), en una mezcla ficticia entre corruptos culpables y corruptores inocentes. Se han incorporado al imaginario colectivo los juzgados desbordados por papeles de las macrocausas, los nombramientos de jueces partidistas para tribunales imparciales o las cenas de jueces con imputados en restaurantes de varios tenedores, pero también las puertas giratorias o los palcos de estadio repletos de seguidores y conseguidores.

La corrupción en el fútbol está normalizada. Por ejemplo, Transparencia Internacional, en su Informe global sobre la corrupción en el deporte, advierte que, desde que se aprobó en España la Ley del Deporte en 1990, clubes de la Liga Profesional han ingresado más de mil millones de euros por recalificaciones urbanísticas. Bastaban la connivencia de una corporación y la modificación puntual de un plan general, que evitaban la revisión superior, para construir un moderno centro comercial anexo o un nuevo estadio en las afueras, con las plusvalías y comisiones correspondientes. Los clubes se han transformado en sociedades anónimas, los empresarios de la construcción se han afanado por controlar sus directivas, los especuladores se han encargado de aportar liquidez para que esas sociedades fichasen delanteros goleadores a modo de trabajadores cualificados, los asesores se han ocupado de esconder sus beneficios en paraísos fiscales. No son más que pequeñas corruptelas domésticas, comparadas con las de la UEFA o la FIFA.

En la corrupción competitiva hay distintas categorías. Los que compiten por las sociedades offshore en paraísos fiscales juegan la Champions League. Los que compiten por los contratos de la Administración estatal, en el BOE Stadium o el Ibex Arena, juegan en Primera División, patrocinados por empresas eléctricas, bancarias o aseguradoras. Los que compiten por los contratos de la Administración local juegan en Segunda División, recurriendo a la táctica del pelotazo. Los que compiten por la financiación ilegal de los partidos políticos juegan la Copa del Rey, sabiendo que hay partidos de ida y vuelta. Unos ganan, otros pierden, unos suben, otros bajan. En la corrupción lo importante es ganar, no participar. No hay fair play. La corrupción es así.