Debbie, tras los pasos de Carrie


Primero se fue Carrie Fisher, nuestra princesa rebelde. Nuestra Leia. Porque La guerra de las galaxias es el wéstern de nuestra generación. Un wéstern galáctico, pero un wéstern a fin de cuentas, porque el bar donde Luke Skywalker y Obi-Wan Kenobi se encuentran con Han Solo para alquilar el Halcón milenario es el salón del Oeste de toda la vida, lleno de tipos estrafalarios dispuestos a morir o matar por casi nada. Por eso Leia, que no se dejaba mangonear por los machos alfa de la galaxia, ha sido nuestra heroína en la lucha contra el Imperio y contra todos los lados oscuros. Y Carrie sabía de qué hablaba cuando evocaba el lado oscuro. Porque se lo bebió a tragos más de una noche.

Nos dejó Carrie Fisher y solo un día después se largó al otro mundo su madre. Fue tras sus pasos. De Debbie Reynolds se recuerda sobre todo que era la muchacha pizpireta de Cantando bajo la lluvia y que Elizabeth Taylor pasó de ser su amiga del alma a levantarle el marido. Cuando América le reprochó haberse liado con Eddie Fisher, Liz no se cortó mucho:

-Yo no le he robado a Eddie porque nunca lo tuvo.

Para saber quién fue Debbie Reynolds lo mejor es leer a Terenci Moix, que trece años después de muerto sigue siendo el español que más sabe de cine. A los españoles se nos da muy bien hacer cosas después de muertos, cuando ya nadie nos molesta. En Mis inmortales del cine, Moix incluye a Reynolds en su «ramillete de ingenuas» junto a Sandra Dee. Tras hacer inventario de sus comedias, Moix recuerda que en 1971 deslumbró en el drama ¿Qué le pasa a Helen? y se pregunta:

-¿Qué había hecho Hollywood con ella todos aquellos años?

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