Nos mienten y nos mentimos


Poco a poco, nos vamos dando cuenta de que nos mienten, es decir, de que nos mentimos. Para empezar, nos mienten esos políticos cada vez más convencidos de que siempre se puede embaucar a todos. Abraham Lincoln rechazó en su día esta afirmación y sostuvo que «se puede engañar  a algunos todo el tiempo y a todos algún tiempo, pero no se puede engañar a todos todo el tiempo». Es un dicho muy razonable, pero ahora creo que, desde entonces, hemos progresado una barbaridad y no siempre en la buena dirección Y pienso que tiene razón el argentino Abel Pintos cuando canta que «nos estamos haciendo mal… Nos mentimos por la espalda / con el miedo que nos quema».

Me refiero aquí, sobre todo, a esos políticos nuestros que, en vez de forjadores de talentos, se comportan solo como cazadores de votos.

Y mucho me temo que ya no hay clases, porque todos parecen ajustarse al mismo modelo. Lo cual tampoco es nuevo, pero sí que es lamentable.

Como decía Louis Dumur, la política se va reduciendo hasta ser solo «el arte de servirse de los hombres haciéndoles creer que se les sirve a ellos».

¿He perdido de repente la fe en los políticos? No, seguro. Pero sí que echo en falta esa grandeza indispensable que, a mi parecer, debería adornarlos siempre y que les permitiría gozar de nuestra estima con más razón y más respeto. Porque en una sociedad democrática ellos son indispensables y no debieran aprovecharse de esta evidencia con mezquindad, arribismo o bajeza, ni impedir que la gente se entrometa en lo que le atañe.

Ironizaba el mordaz Bernard Shaw que «la democracia es el proceso que garantiza que no seamos gobernados mejor de lo que nos merecemos».

Pero esto lo podía decir desde dentro de la democracia, porque, a diferencia de las dictaduras, las democracias permiten que la crítica exista y sea libre. Por eso se puede y debe exigir que el proceso electoral sea limpio y que nuestros representantes políticos sepan que deben responder ante los ciudadanos de sus aciertos y errores, aunque los ampare la estructura de intereses de un partido. La democracia es así de limitada y humana. Pero su calidad será siempre superior si no la corrompemos o debilitamos. Sin mentirnos.

Nos mienten y nos mentimos